...Salimos del túnel y el tren fantasma, que corre en el tipo de actos electorales de la « modernidad». Nada más que salimos del acto en sí, ahora hay que ver a quiénes lleva de pasajeros el tren político. Y cuántos de tales viajeros puedan haber sacado pasaje con unos colores y cuántos los van a seguir llevando, hasta el fin de sus períodos. O cuántos, una vez acomodados en sus asientos, cortejen al partido de al lado y hasta ofreciendo sus servicios legislativos, acaso netamente contrarios a los votos que lo han elevado al rango de ser «representantes del pueblo». La elección trajo sus shows de expectativas hogareñas, encendidos de televisores en la hora oportuna, para dejar paso a toda una serie de señores rodeando las distintas mesas de los canales. Y el otro show, el de las consabidas hipótesis acerca de adónde nos puede llevar el tren electoral, recién a punto de partir con sus nuevos pasajeros. Quien haya podido entender algo, acerca de quiénes ganaron, de qué modo articularon esas alianzas en el interior del país, a quién corresponde cada nombre de fantasía recién inventando, puede decirse que está muy preparado para casi todo. Por ejemplo, para entender y acertar, en el intrincado mundo de la Bolsa y sus rasgos cambiantes.
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Cuando esa madrugada terminamos por apagar el televisor, solamente nos quedaba la verdad del pasado inmediato. La de los gobernantes que ganaron arrasando y a quienes hoy hasta se les cruzan de vereda, para no saludarlos y que alguien los vea con una cámara inoportuna. Casi, casi... ya se convirtió en un juego bursátil el devenir político. Acciones que trepan, trepan, de pronto que se desinflan sin remedio. Tendencias de «boom» que desembocan en un «crac» de la noche a la mañana, apoyos efectivos que se convierten de órdenes de salida tajantes. Los de abajo, arriba. Los de arriba, abajo. Y el pase de posiciones que hace resurgir una plaza, mientras hunde a otra que se convirtió en objeto de ventas.
Juego de intrigas, traiciones, bajezas, insultos que ocultan un abrazo hipócrita. En un amasijo de todos esos elementos se pretende construir un poder, olvidando -así como sucede con las acciones-que «los árboles no crecen hasta el cielo». Y que el triunfo solamente se ejerce, no se inmortaliza como un hecho hereditario, aunque los ganadores creen firmemente en lo segundo. (En la Bolsa y en la política...)
El hecho es que el tren dejó el túnel, debe ahora comenzar a rodar y empezar a responder cada una de las incógnitas, sobre el rumbo de un país que siguió disfrutando de circunstancias globales muy favorables. Debería teñirse la tendencia del último trimestre con aquello que se vaya viendo. Se dice que llamarían al FMI para comenzar a meterse en marco. Pero se dice... se dicen tantas cosas, que primero el mercado deberá intuirlas y después comprobar que se concreten. También se dice que el mundo se verá complicado en 2006.
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