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En nuestro medio hay dos aristas muy salientes; hace más de un siglo -cuando la Bolsa se centralizaba en las operaciones con oro- cierto personaje que se había encumbrado en el área económica decidió que la suba del oro se debía al «agio» que se generaba en las cotizaciones bursátiles. Rufino Varela, apodado «el Manco», terminó por clausurar la entidad con la fuerza pública. El resultado, obvio: el oro prosiguió trepando por problemas en el país y, poco tiempo más allá, el funcionario perdía su puesto después del desastre originado. La explicación de que la Bolsa no crea causas, sólo las refleja, no le resultó suficiente a don Rufino.
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