15 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Toda vez que surge un par de ruedas donde la ansiedad por ver alguna señal favorable conviene en querer apreciar un aumento de volumen, de inmediato todo parece contraerse de modo drástico. Y como demostrando que la expansión temporal obedece a impulsos de la oferta por seguir buscando salidas. Y todo vuelve a comenzar...

Mientras en el ambiente bursátil se atraviesan sendas que siempre se mantienen dentro de un valle, los operadores deben oír cada semana las seductoras melodías acerca de funcionarios hablando del gran superávit, llamando a la inversión extranjera -a la que dicen no agredir- y hasta dándose ciertos lujos, como Alberto Fernández, que al ponderar el ritmo de crecimiento no dudó en hacer espontánea relación: «A este ritmo, los chinos van a decir que crecen a tasas argentinas» (?). Un modo de sentirse el ombligo del mundo, solamente por el hecho de estar a unos pasos de la terrible crisis que nos azotara. Pero, así seguimos siendo. (Y, seguramente, la economía china nos debe estar envidiando.)

Por el otro lado, fuera de los salones donde se constituyen esos foros con empresarios y en el que cada miembro del gabinete quiere soltar algo más grueso que sus colegas de discursos, aparecen las rencillas insólitas que involucran a mecanismos muy sensibles de la maquinaria. Que si Economía vs. Banco Central. Que si un simple secretario de Comercio Interior se pasea por escritorios de entidades que -en teoría- ni son de su área, ni están a una altura que -teóricamente- se corresponde con la suya, y se lo reconoce amonestando a unos y a otros. Que si Economía le pidió reservas al Central, pero contra eso le dio un bono que sólo Dios sabe cuándo se habrá de levantar, los banqueros van en queja por una medida sobre encajes...

Y mientras se sigue embotellando inflación, creándole presiones al corcho, se hace uso y abuso de la política del «subsidio» oficial con tal de que los precios (como ahora de energía) queden falsamente planchados. No coincide, nos parece a nosotros al menos, el continente de euforias y de ratios fulgurantes, con el contenido de armonías y planes que no sean los de ganar elecciones.  


Los empresarios, que en todos los gobiernos han tenido culpas por allanarse en público y criticar en secreto, hacen racimos con los funcionarios y prestan todo su apoyo a la gestión. Estamos viviendo en un clima de extraños contrasentidos, mientras algunos indicadores -como la propia Bolsa- reflejan un estado de cosas que permanece muy, pero muy lejos, de una satisfacción y convicción en lo que se asegura desde arriba.

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