Una pregunta para los que hacen al sistema, y a los que lo analizan no como juego sino como parte integrante de un mercado de capitales, podría ser: ¿cuánta gente creen que conoce la inversión bursátil? Con un anexo: ¿son más, o menos, que antes? Si la respuesta resulta que son menos, el empalme a la tercera es automático: ¿a qué le atribuyen que esta alternativa tradicional pierda vigencia en nuestro país?... Como no existe, aunque debiera, ningún tipo de encuesta para poder asegurar lo primero -y todo es a puro pálpito, como en muchas cuestiones argentinas- nada más queda la opinión «por impresión». En tal caso, naturalmente y no por discriminación, habría que soslayar a los muy jóvenes para pedirles opinión. Por la simple causa de que no tienen vivencias y sensaciones de antaño, como para poder realizar un cotejo entre épocas que posea algún asidero. Y no vale perder el tiempo en querer poseer lo de antes, a través de números y de trabajos estadísticos: es que salvo allá por los '60, tal tipo de sondeos nunca existieron. Lo único que puede tomarse, como dato objetivo, es la estadística anual acerca de la cantidad de socios que tiene la Bolsa de Comercio. Y si bien esto iría directamente en favor de los que piensan que la respuesta es que hoy hay menos gente en contacto con lo bursátil (y que es la nuestra, por otra parte) preferimos descartarla como evidencia. Porque la tecnología y la informática han hecho que muchos no tengan necesidad de ser socios, para poder ingresar al edificio y entrar en contacto con los negocios. Es decir, cuanto más salió la Bolsa y sus datos -y su operatoria- a la calle, menos gente quedó ligada como socia de la entidad. Digamos que son las dos caras de la moneda y que, para la vida de la Bolsa de Comercio, ha resultado contraproducente.
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Si por impresión, por cotejo a pura memoria, las respuestas mayoritarias dijeran que el caudal es similar: de todas formas significaría reconocer un gran retroceso, el simple crecimiento poblacional -frente al de algunas décadas atrás- debería obligar a que la Bolsa tuviera más gente en contacto con ella. Otros datos objetivos, como cantidad de sociedades cotizando, son lapidarios y en la misma dirección que los asociados. Un número que podría jugar en favor de la otra impresión emerge de la cantidad de negocios. Pero, tampoco aquí el cotejo sirve con el pasado: a partir de la globalización y apertura para la inversión extranjera, junto con los avances tecnológicos, lo de antes está en desventaja. De lo que sí estamos seguros, sólo hablando y chequeando con gente de la actividad, es de que el estado actual del sistema y su marginación dentro de las inversiones no le gusta a nadie. Y no es cuestión de más dinero sino de más gente.Informate más