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7 de agosto 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Estar ya en la etapa de rezar, para que la Fed se conduela y morigere el nivel de las tasas, es otra señal fehaciente de que el temor ha calado hondo y ya desestimando totalmente las falsas ocurrencias: sobre que los problemas no irían a afectar a los mercados. Para no olvidarlo: imaginemos que aquellas recomendaciones que los bancos de inversión dispersaron -y nosotros difundimos, con la correspondiente opinión-acerca de vender bonos y pasarse a acciones (hablando de especies internacionales) se hubiera seguido de inmediato, ¿cómo estarían ahora los creyentes de estos pícaros, que envían el mensaje al revés? Y esto nos sitúa en otra faceta, no atendida debidamente por la bibliografía acerca de los métodos de inversión: el saber que la confianza puede resultar uno de los puntos más débiles para el que surca aguas de riesgo. La confianza dispensada de modo generoso, casi romántico, es mucho más perniciosa que su antónima -la desconfianza excesiva e incluso que el escepticismo a ultranza.

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Los que devoran todo aquello que encuentran por el camino, incluso lo que les llega desde el mismo ambiente interno de los mercados. Y que ignoran que dentro de una inversión competitiva -como la bursátil-los amigos quedan antes del umbral de los recintos. Alguien lo definió crudamente: «Si quieres tener un amigo, búscate un perro»...  

Deglutir todo, sin aplicarle filtros y muchas veces adorando a una «chapa» y a ciertos nombres famosos, puede derivar en lo que se ve a menudo: hacerles el juego a los que no dudan en darle un mensaje equivocado, con tal de cerrar su propio negocio.

Ahora, con los nuevos sustos y correcciones que dispararon el recuerdo de Greenspan -y sus intervenciones bajando tasas-no se puede decir que no existieron varias advertencias previas, periódicas, y que el grueso del mercado prefirió desoír. Hoy, con una cúpula de la Fed que posee un estilo diferente -que se maneja a pura ambigüedad-, no se está seguro de que el mecanismo funcione de modo automático, como antes: salvar a los mercados, con un rebaje de tasas. Sistema que venía a salvar muchos errores operativos, y excesos de codicia, que bien merecían el castigo simple que aplica la misma inversión. Y en nuestro medio, al que hay que darle la porción que tiene de carga propia --además de la externa-también viene habiendo penalizaciones, por sucesivas trastadas y manoseos realizados. ¿O existe alguien que deposite suma confianza en dichos presidenciales, sobre que los bonos locales caen por «lobby», o conspiraciones? He ahí un ejemplo: lo que pudo salvar al inversor fue la desconfianza, en especial cuando se metió mano en el INDEC. No nos gustan los extremos, nos situamos en el medio y es posible que ser escépticos, resulte un buen modo de ejercer la defensa.

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