24 de diciembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Acompañando la palidez extrema con que se fue yendo el ejercicio para la Bolsa y sus acciones, ni siquiera pudiendo sumarse al brindis de los otros mercados en el pasado viernes, las últimas novedades que se acumulan detrás del gran protagonismo que adquirió la «valija» venezolana, confirman que en el fin del año el contexto es cada vez más preocupante. Más allá de las hordas piqueteras a las que se admite con total desparpajo asolando la ciudad, a un ex montonero proclamando lo de «Patria o muerte» en plena Plaza de Mayo, hubo cuestiones que tuvieron que ver con lo económico. Como el anuncio de la concreción de un porcentaje de YPF, al que los medios rubricaron -con pasmosa naturalidad- diciendo que era por parte de un «grupo empresario cercano al gobierno...». Y después de haber leído los términos de la compraventa, no queda menos que anotarlo entre los simulacros de transacciones que registra la historia mundial. La mitad casi de la suma acordada aparece como «prestada» por el vendedor -Repsol- la otra parte se junta a partir de créditos diversos. Queda en el aire un convenio para poder comprar otro 10% en años venideros (probablemente, con la misma utilidad que provenga de la vendedora). Los españoles, muy sueltos de cuerpo, aducen que se necesita un socio local, por las conexiones que posee con aquellos que forjan los mecanismos reguladores.

Gobiernos provinciales afirmaron nuevamente la intención de participar, con otro porcentaje del capital. Si fueran inversores de Bolsa estarían fundidos: ahora pagarán a precio de oro, aquello que se sacaron de encima a precios viles en la época del noventa. (Todo vale, igual la plata no es de ellos, claro...)  


Y los jubilados también se pueden poner contentos, con el regalo de Navidad: la ANSeS entregará dinero de sus arcas, para empapelarse con esos bonosbasura que se emiten regularmente y que -en general- han ido a llenar el vientre de los Fondos Pensión. Un modo de igualar condiciones de jubilación privada o pública, convirtiendo a las dos en una tijera, donde queda la gente que aporta entre las hojas, para picadillo.

El nuevo ministro de Economía apenas ha dado unos pasos, y algunos conceptos, y ya se puede saber para qué está (lástima no tener un puesto como ése).

Y, de última, un gran «plan energético» que le hicieron anunciar a la Presidente: cambio horario y reemplazo de lamparitas. Las empresas ya pueden trabajar tranquilas, con tales medidas sofisticadas. (Y es posible que para el invierno sólo se permitan cocinas de una sola hornalla, o estufas de una sola vela, como para ahorrar gas en la estación. Está bien genial, se la donamos.)

Si se junta todo esto y se lo mete adentro de «la valija», allí tendremos la gran seducción para que venga la inversión de afuera. ¿O no? ¡Felicidades!

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