31 de diciembre 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

En un mes más reducido en ruedas, por los feriados, las «18» sesiones de diciembre consumieron $ 2.340 millones en acciones: esto dio un promedio casi redondo, de $ 130 millones por rueda. Otra vez importantes, pero casi los únicos felices en el último trimestre del año, resultan los tesoreros de la Bolsa y el Merval ( recaudadores de «derechos de mercado»). Al cotejar negocios vs. precios, se vuelve a hallar la contraposición que ha venido resultando una figura imposible de quebrar. Y confesamos desde esta columna -ya que estamos en día de balances de gestión- que hubiéramos apostado por un repuntar de las cotizaciones si se mantenía el gran flujo de órdenes de la demanda. Y resulta que tal corriente de asimilación se vino sosteniendo desde mediados de octubre en adelante, y nada sucedió que pudiera sacar a nuestro recinto de su persistente varadura.

Así es que se arriba al término del trayecto de 2007, con esa contrastante muestra de un mercado a todo ritmo de demanda, siempre saturada de oferta y que no permitió ni un desliz alcista, sin salir a pegarle duro al Merval. Cuando hablamos del «mercado bursátil», no valen los casos individuales, ni las acertadas particulares de los que se anotaron -por caso- con una plaza de Molinos Río que resultó una veta de alzas.

Lo global, el corazón del mercado y por donde pasa no menos de 80% de los negocios diarios, es lo que dejó apenas 3% escaso. Y de esa forma confirmó su papel de «vagón de cola» de la región y uno de los más abandonados del mundo, por parte de los beneficios. Es fácil inferir que Buenos Aires y sus acciones cerraron la nómina de las alternativas de inversión. Perdiendo contra todo otro activo donde el inversor pusiera su mira.  


Nos queda la imagen, repetida desde aquí, acerca de una zona de «acumulación» de posiciones que sin poder saberse hacia dónde va, se contrapone a la de una oferta tan entusiasta en sus entregas y sobre la que tampoco se puede marcar de dónde proviene y sigue. Ya han pasado semanas y meses de anotar un muy buen volumen, pero sin aparecer señales de ingresar a la etapa segunda -del «crecimiento» de las plazas- ni siquiera de advertir que exista sequedad en los canales vendedores.

Por fin se ha ido 2007. Ingresamos a 2008 con todos esperando la señal de partida, todos con el medidor en «cero». Una buena manera de borrar la soberana paliza que nos propinara el recinto brasileño y con su índice deparando un excelente 43% de suma, cuando aquí sólo anotamos 3 por ciento. ¿ Vendiendo Buenos Aires y comprando San Pablo?... es un pensamiento muy lineal. Porque ¿quiénes son los interesados en comprar Buenos Aires, con tan altos montos de negocios? El contexto que se presenta ofrece un escenario complicado en lo internacional, con los peligros de ver decaer crecimientos y aflorar de inflación. No es el mejor terreno para progresar.

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