El miércoles fue día de revelaciones, desde la Reserva Federal, saliendo de la monotonía de los ratios de segundo orden que tanto sirven para ensuciar los desarrollos, como si resultaran fundamentales. El miércoles se confesó Bernanke y dijo -de modo expreso-que están dispuestos a reducir la tasa de interés. Junto con ello, a renglón seguido, que sería «pese al riesgo creciente de mayor inflación». Hasta ahora venía la Fed intentando equilibrar a este monstruo de dos cabezas, que se le engendró a la economía norteamericana. Inflación vs. Recesión, algo así como «Allien vs. Depredador», y el funcionario que se la pasó gastando disparos sin que se vieran efectos benéficos en la situación.
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Por lo menos, el inversor sabe algo: que han votado por espantar de cualquier manera a un síntoma recesivo más corporizado, aunque se deba arriesgar a que la otra cabeza -la inflacionariaconvierta todo en un verdadero lodazal. Y sin seguridad de que no surja lo más temido, la « estanflación», donde las dos cabezas sigan perdurando y tratando de morderse mutuamente. Lo más curioso es que siendo una manifestación que iba en dirección a lo que le seguían demandando los operadores desesperados, la Bolsa no acusó recibo jubiloso ni mucho menos. Es que el funcionario terminó por delinear otros factores con grandes peligros: energía y alimentación en alza. Y si repercutiera más de lo previsto en las empresas el aumento en materias primas y en el petróleo. Son demasiados ingredientes que deberán permanecer en sus bases para que la inflación no empiece a mostrarse agresiva. Y todo es comenzar, donde aparezcan un par de mediciones con subas consecutivas, lo demás lo hace ella sola, retroalimentada. Lo vimos tanto, lo conocemos tanto, no por nada somos argentinos, ¿no?
Y fue así que, en tal día miércoles, una denunciada actitud de volver a bajar las tasas por la Reserva Federal quedó como atrapada entre los temores que se esbozan acerca de qué podría arrastrar ello. Como para pensar si no es que los mismos operadores le pidan a Bernanke que se quede quieto, que no recorte más nada...
Ahora, ya dijo que si es necesario volverá a aplicar la tijera, más no puede prometer: en la carabina no le quedan más cartuchos al organismo, que se encuentra en una posición de punto límite (el punto donde ya no hay retorno, cuando no se puede volver atrás y hay que seguir al objetivo o caer).
Y por casa... como siempre. Con un festival de anuncios de los gremios, más nuevas declaraciones -Fernándezjustificando un revisionismo de costos de las empresas, como para poder fijar la «rentabilidad adecuada». Dirigismo puro, revulsivo para espantar inversiones, métodos que -como con la carne ahora-prometen llegar a que un país capaz de avanzar, se detenga. Fenómeno.
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