Si usted tiene acciones, detrás están los «fierros» (la expresión empresaria, que define los activos de las sociedades) y -según la selección que se realice-agrega el prestigio del grupo de conducción, forjado a través de muchos años y que no se consigue con dinero. Los gobiernos seguirán pasando y esas compañías seguirán estando allí. La opción bursátil es poseer «bonos», en vez de acciones, acaso con lo que está sucediendo en la actualidad alcance de mudo testimonio para catalogar la inversión en ellos. Pero, además, el prestigio del respeto a la «deuda soberana» se ha ido dilapidando, alegremente. Hasta resultar solamente un Chávez (y con otros tipos de intereses detrás) el potencial interesado en esos papeles.
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Y la situación de las acciones, en medio de este vendaval externo y doméstico, nos retrotrae a la zona de una larga etapa de oscuridad bursátil ( primeros años de la década del 70) cuando los papeles empresarios también andaban por el suelo, en sus cotizaciones. Obligados a números «históricos», cuando la inflación era galopante. Con magros resultados, por las medidas de controles y casi paralización de muchos sectores, los que fueron tomando tranquilamente esos títulos: apenas en un año hicieron una pequeña fortuna, cuando las condiciones cambiaron.
Las empresas, que estaban como «patitos feos», volvieron a lucir como «cisnes» de la inversión. Los propios grupos de control, al advertir lo poco que cotizaban sus paquetes accionarios en dólares, también fueron aspirando sus títulos en la plaza. Y si hay un buen «rastro» a seguir en estos momentos, es la valuación -en dólares-que tienen tales capitales, respecto de épocas normales. El que detecte las mejores «perlas», con la debida paciencia para aguardar la reversión, acaso también pueda juntarse con bellas sumas multiplicadas, al cabo de un tiempo. Y es el «factor X», el que falta, el que no puede pronosticarse seriamente ahora: cuando volverán las condiciones a lucir favorables para las empresas y sus acciones. Cuándo retornaremos a una senda como Nación, que nos coloque en posición de aprovechar racionalmente las buenas oportunidades que todavía se presentan.
Cierto que por estos días vuelven a aparecer estampas de un viejo pasado, al que -porfiadamente-los gobernantes quieren resucitar, en vez de ponerse en marcha, a tono con el mundo del siglo XXI.
Y en virtud de lo que sucede, opiniones variadas son admitidas, seguimos pensando que nuestro índice aguantó más que bien. Quizás, porque no se venía de un período floreciente de 2007 y ya todo andaba cerca del piso. O bien, porque no hay demasiado para llegar al fondo del pozo. Esto hay que dilucidar.
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