Está claro que el «andar a los saltos», figura que no está inserta en los libros académicos aunque puede ser la que más grafique la época, será la premisa mayor a la que deberá ajustarse el adherente a la inversión bursátil. Y a un ritmo que se torna acelerado, por toda la batería de indicadores que manejan -y dan a luz pública- los señores de la Reserva Federal. Recordamos que, en etapa de Greenspan, se mencionaba que había 18.000 de esos indicadores de todo tipo y grosor, que estaban a disposición para consulta permanente del titular de la Fed.
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Tal disparador de datos deberá resultar un obstáculo para que se pueda encontrar una «media», la zona donde reaparezca cierta tranquilidad en ánimos crispados. También impone la pregunta acerca de si, tratándose de una zona profundamente aquejada y plena en turbulencias, no debería adecuarse la política de dispersión de informes de manera casi diaria. Y donde la debilidad actual de la tendencia magnifica todo número que no se considere positivo, por más que sea apenas salido de marco, o no resulte de corte esencial. Si se suma que los norteamericanos tienen la fastidiosa costumbre de querer proyectarlo todo. Y jugar con lo que debe esperarse de números empresarios, o de la economía general, el asunto se pone todavía más difícil. Nunca se sabrá tampoco cuál es la intencionalidad de la proyección, o si las mismas deben ser consideradas como letra sagrada, para cotejarlo con la realidad para darle la razón a lo que era estimado, y mover subas y bajas, según hayan o no respondido a tales estimaciones.
Y esto nos hizo acordar de viejos amigos de esta columna, los muchachos de la «Curro's Brothers»: casa bursátil que bautizamos nosotros, allá a inicios de los 90, pero que respondía a un perfil de la industria del pronóstico y los informes, utilizado muchas veces como bomba «cazabobos» y dispersando opiniones en una dirección, mientras los emisores operan en la otra.
Muchos de los «Curro's Brothers», expandidos en la zona de prosperidad que precedió a la crisis, seguramente que habrán hecho las maletas y partido. Otros, deben estar aguardando mimetizarse en el rebaño que espera salvatajes. Y varios, los más astutos y veloces, reaparecerán en escena para proseguir con el próspero negocio de incidir en la gente, ajustando sugerencias a sus propios intereses. Cuando las aguas bajan de tal manera, dejan ver toda la escoria que vive y se nutre de los mercados y se mezcla con los que son serios y responsables. Pero, en cuanto el caudal empiece a aumentar, nuevamente quedarán encubiertos. En especial, cuando se sigue sin notar que existan los debidos castigos a los excesos y desvíos, que hubieron en este desastre. Con lo que la benéfica acción antiséptica no se cumple. Y volverán todos.
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