Eduardo Duhalde dijo anoche, al regresar de Villa La Angostura, donde pasó el fin de semana pescando, que resolverá en la jornada de hoy la renuncia de Aldo Pignanelli como presidente del Banco Central. Esta crisis se abrió el jueves pasado con un portazo del funcionario, que creyó agotada su relación con Roberto Lavagna, a quien acusa de descalificarlo en sus funciones de negociador del acuerdo con el FMI. Duhalde quiere que gane Lavagna la pulseada porque éste es un ministro hoy para él imprescindible, pero promoverá un empate: que Pignanelli quede como director del Central (tiene acuerdo del Senado para esa tarea) y que la conducción la asuma Jorge Levy. Este es un contador que actualmente está al frente de la Superintendencia de Bancos y es un hombre de extrema confianza de Duhalde, a quien ya viene acompañando desde la provincia de Buenos Aires. El nombramiento implicaría un tapón a las intenciones de Lavagna de ocupar más lugares en el directorio del BCRA que en los últimos meses fue ganando espacios para sus hombres en la entidad, aunque ninguno de ellos cuenta con acuerdo del Senado. Desde el Palacio de Hacienda, si bien no esconden las diferencias que tienen con Pignanelli, aseguran que la renuncia «complicará más las negociaciones con el FMI». Pignanelli, antes de presentar su renuncia -en ausencia de Duhalde-, habló con Mario Blejer, su antecesor, aunque desoyó su consejo de permanecer al frente del Central porque la renuncia sería leída como una «venganza» ante la posición dura de Economía con el Fondo Monetario. Justamente, en el organismo internacional vienen reclamando con insistencia la necesidad de contar con un Banco Central independiente y autónomo, lo que hoy para la Argentina continúa siendo una utopía. No se esperan movimientos fuertes del dólar ante la posibilidad de un recambio.
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¿Qué cambió camino del foro, que Duhalde modificó la idea de retenerlo a Pignanelli en el Banco Central hasta la firma de algún acuerdo con el FMI? Para unos, que agotó las consultas con sus ministros y todos juntaron filas en defensa de Roberto Lavagna. Para otros, un desliz casi diplomático: cuando Duhalde llegó a Brasilia el jueves se enteró de que la renuncia de Pignanelli la había plantado en su ausencia, pero después de haber permanecido en Brasilia hasta ese día por la mañana. Había viajado a la capital del Brasil para participar del tramo técnico de la cumbre del Mercosur con directivos de bancos centrales de la región, pero no quiso integrarse a la comitiva que viajaba con el Presidente, que integraba obviamente Lavagna.
Anoche, al volver de Villa La Angostura, intentando huir de otro conflicto -el del gobernador Jorge Sobisch con su Legislatura y las cámaras ocultas-, Duhalde dijo que espera hoy reunirse con Pignanelli para resolver la situación.
La vía Levy es la única que le queda a Duhalde porque ya le han avisado los senadores de su partido que no le darán ningún acuerdo para nuevos funcionarios. Esa facultad, entienden, deber reservarla para el futuro gobierno. Por eso cerraron la lista de acuerdos con los últimos que votó de militares, jueces y diplomáticos en el maratón de fin del año legislativo.