El proyecto oficial para construir el tren bala avanza sin freno a la vista. No a la velocidad que quisieran Néstor y Cristina Kirchner, pero sigue su curso. La estructura de financiamiento ya está prácticamente definida con varias modificaciones respecto de lo inicialmente previsto: no habrá bonos en garantía, sino que directamente se entregarán nuevos papeles de la deuda argentina, en forma gradual y a medida que la obra avance. El monto a emitir es un enigma, no precisamente por el hermetismo de la operación, sino por las variables en danza, como la alta inflación. Por marcar una cifra, el gobierno estipuló u$s 1.350 millones. Hasta podría ser del triple.
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Dejar de lado la garantía oficial para el pago de la megaobra tiene sus ventajas, como es no estar obligado a pasar por el Congreso. Para el Société Générale, banco financista del emprendimiento de los Kirchner, significará directamente disponer libremente de los títulos de deuda en lugar de tenerlos congelados en una cuenta. «No ha cambiado nada. Se mantiene el interés en participar de la transacción», dijo una fuente de esa entidad francesa en respuesta al impacto en la oferta financiera del fraude que les generó pérdidas por 7.100 millones de dólares del operador Jerome Kerviel. Lo que aún se está negociando es la estructura de los bonos que entregará la Argentina. Y al precio al que se los tomará. Es la clave ya que de allí surge el costo financiero del crédito del Société Générale. Lejos estará de ser a tasa blanda en el contexto actual de mercados.
Según el decreto firmado por Cristina de Kirchner el 15 de enero, «la estructura de financiamiento de la obra debería ser sometida a la aprobación del Ministerio de Economía». Dispone, para ello, hasta el 26 de marzo. Y luego el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, cuenta con diez días para firmar el contrato con el consorcio Veloxia que integran la francesa Alstom y la española Isolux, y las argentinas IECSA y Emepa. Un enigma menos: Lousteau firmará el esquema financiero de entrega de títulos de la deuda a medida que avancen las obras, que será lo suficientemente genérico como para evitar conflictos.
Sepultado quedó el proyecto inicial al que apostó Alstom, y especialmente el gobierno, de un financiamiento francés a baja tasa, pero que estaba supeditado a un entendimiento con el Club de París. La exigencia de contar con el visto bueno del FMI para salir de ese default con países acreedores no pudo ser salvada y la apuesta del gobierno va por un largo y sinuoso camino: convencer a los miembros del Club de París (Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón e Italia básicamente) de que modifiquen el estatuto.
En el gobierno mantienen el proyecto del tren bala casi como una política de Estado. Cristina de Kirchner no habló de inflación en su discurso al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso, pero sí de este emprendimiento al que defendió de las críticas invocando la experiencia española. Olvidó también diferencias macro y costos entre ambos.
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