Para la reunión de hoy con los gobernadores, la administración de Fernando de la Rúa seguramente expondrá cuadros y gráficos sobre el crecimiento del gasto primario, tanto del orden nacional como el de las provincias.
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Son números que se arrastran desde 1994 -no casualmente preparados por el ministerio de Domingo Cavallo, ya que no contabiliza los excesos en la misma materia de su anterior gestión-y, más allá de interpretaciones, el saldo general del informe de Economía señala responsabilidades: 1) el gasto de la Nación se incrementó en la última etapa de Carlos Menem y, durante la actual gestión, hubo un ahorro considerable (especialmente en la etapa José Luis Machinea); 2) la incidencia del fuerte gasto provincial se explica en un solo distrito: Buenos Aires. En este caso, el gasto desde el '94 aumentó en 42%, o sea unos 3.300 millones de dólares, todos aplicados al gobierno de Eduardo Duhalde (ya que Carlos Ruckauf, para ser justos, redujo en 400 millones ese consumo); 3) también la Capital incrementó sus gastos, pero en montos sensiblemente inferiores (400 millones).
El detalle de estos cuadros desatará más de una polémica, sin duda, ya que los representantes del interior -no sin razón-aducirán que parte de su nuevo gasto es por el traslado de responsabilidades que le cedió la Nación (educación y salud). Para ellos, estas nuevas responsabilidades han sido cubiertas con suficiente ahorro. Sin embargo, la realidad es que el comportamiento provincial ha sido bastante dispar en todo este ciclo, y algunos distritos radicales no registran la mejor de las performances. Hay, en todo el análisis, un dato cierto: todos los gobernadores ahorraron en la relación del '99 a 2000, unos más, otros menos, pero en el mismo sentido que la administración nacional.
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Tal vez, este planteo estadístico que ofrece el gobierno tenga más contenido político que económico: apunta a castigar el aumento del gasto en la etapa final de Menem y a su consejero económico, Roque Fernández, ya inopinadamente imputado como «traidor a la Patria» por Cavallo. Se apoyan en denunciar el propósito de la reelección para justificar ese mayor consolidado.
El mismo argumento se podrá trasladar a Duhalde, aliado en todo momento de Cavallo, quien exhibe en los cuadros del gobierno la espiral más cuestionable en materia de gasto. No se cree, a pesar de esto, que los delegados oficiales insistan en esta cuestión: hoy demandan apoyo del ex gobernador para celebrar nuevos pactos (al que sí le puede servir esta información es a Raúl Alfonsín cuando compita electoralmente con Duhalde).
Culpas compartidas, unos más irresponsables que otros, eso es lo que brindan los datos numéricos en cuadros y gráficos que finalmente sirvan para el debate y no para la solución de la crisis que hoy divide al gobierno nacional de las provincias. Tal vez estas cifras sirvan, a la hora del acuerdo último -seguro e inevitable ya que está en marcha el aporte privado de financiación-para ajustar lo que unos pueden pedir y lo que otros puedan exigir. Tanto trabajo estadístico será cubierto por el entendimiento: aunque discrepen, las partes que se reúnen hoy están obligadas a acordar.
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