Azotado por oferta intensa, el concierto de mercados bursátiles formó un remolinoque terminó por tragarse -prácticamente- a todos. Petróleo con fuerte suba diaria, inquietud que no pudo detenerse y solamente contagiarse de unos a otros, al momento de concluir Buenos Aires veía al Dow con descenso de 1,3% y al vecino Bovespa superando 2 por ciento.
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A nuestro modesto escenario no le esperaba otra cosa que ponerse el casco y aguantar las andanadas, las que terminaron por empujar al índice -de un plumazo- a la zona de centena inferior (y cuando el viernes se había despedido como teniendo los «2.000» puntos en la mira).
Un «lunes negro» que llegó a fijar el piso del Merval en los 1.890 puntos tan sólo, con simbólico punto máximo de 1.944 y un cierre muy cercano a lo más bajo: 1.892, dando diferencia porcentual de 2,64%.
Y fue una brecha dura de asimilar, que resultó más preocupante al recorrer al índice de manera individual: muchas integrantes sufriendo caídas de más de 3% en la rueda inicial.
Apaleadas
Las carteras fueron ciertamente apaleadas, a sólo un par de ruedas para el final de noviembre, donde las plazas claves del Merval se situaron inclusive por encima del promedio general. Volumen en los $ 54 millones, sin presentar necesaria contracción, con franja de 13% sobre los totales, participando Tenaris con suma de 146.000 acciones y una caída de 3,4% en sus precios. Grupo Galicia decreció 2,9%, en tanto Acíndar se vio dañada en casi 2,5%. Banco Macro resultó el mejor foco de resistencia, casi solitario, permaneciendo en situación de casi neutralidad.
Un cambio tan imprevisto, a nivel global, como sumamente perjudicial para el intento de mejoras que se venían afirmando. Y esto, ahora, impregna de temores al remate mensual. La Bolsa, asustada.
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