La Argentina se está enfrentando a la peor crisis de deuda de su historia. Si bien con la pesificación se licuaron u$s 21.673 millones de deuda pública, a fines de 2002 los pasivos del Estado ascenderían a u$s 147.838 millones, lo que representa 154 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) contra 53,8 por ciento que representaba antes de la devaluación. Eso sucede porque 90 por ciento de la deuda pública estaba en moneda extranjera a lo cual se agrega un aumento de 250 por ciento en el dólar y una caída de 15 por ciento esperada en el nivel de PBI de este año.
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Así fue relatado por la Fundación Capital (FC) en su informe económico financiero semanal. Según la entidad, con estos números, «La Argentina necesita un superávit fiscal primario de entre 4 por ciento y 5 por ciento del PBI para poder hacer frente a los pagos de la deuda.
«El superávit fiscal primario necesariamente tiene que ser alto y por lo tanto difícilmente se lo vaya a obtener en forma inmediata. Esto plantea la necesidad de contar con un período de gracia en el pago de la deuda y devengamiento de los servicios», explica el informe. En este sentido, para la entidad, «sin el rescate de los organismos financieros internacionales, la Argentina debe embarcarse en una renegociación de su deuda pública que será muy compleja».
De lo contrario ese nivel de deuda/PBI significará una mayor carga impositiva ya que «se necesita mayor cantidad de pesos para pagar la misma deuda en dólares», explica. El ratio deuda recaudación se elevó de 308,6 por ciento en diciembre pasado a 1.258 por ciento en la actualidad, lo que significa un esfuerzo de recaudación cuatro veces mayor al de 2001.
•Moratoria
La Argentina declaró la moratoria en diciembre pasado y dejó de pagar a los acreedores privados unos 100.000 millones de dólares, aunque siguió cumpliendo las obligaciones con los organismos multilaterales. En los próximos meses deberá comenzar a renegociar estos pasivos.
«La clave para reestructurar la deuda externa pasa por lograr un desempeño fiscal viable y sostenible mediante una meta estricta en el gasto público», explica la entidad que dirige Carlos Pérez.
El superávit que se necesita para alcanzar tal desempeño fiscal, «aseguraría la estabilidad cambiaria y fomentaría una mayor tasa de crecimiento del Producto, lo cual permitiría una disminución progresiva de la relación deuda-PBI», agregó la Fundación.
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