Tras «el rodrigazo» (brusca devaluación del peso y drástico ajuste cuando brevemente Celestino Rodríguez fue ministro de Economía de Isabel Perón en 1975), el país inventa un argentinismo que se llamó «ajuste por inflación». Era casi lógico por las brusquedades tradicionales de la economía argentina. Había habido en 1962 otra devaluación brutal de 50% por Federico Pinedo, que también duró días en su cargo por esa manía nacional de querer ignorar la caída del peso hasta que alguien normaliza de repente la situación, pero lo echan «por realista». La hubo en menor grado después de irse José Martínez de Hoz en los '80 y tras la convertibilidad cesada con el «corralito» en diciembre de 2001. El «ajuste por inflación» no es un método fiscal correcto para la ortodoxia económica, pero sí es propicio para un país donde cada uno que asume el gobierno ama hacer demagogia populista y prolongar eternamente su mandato. Entonces los mercados empiezan a desconfiar, las finanzas del país caen en paridades utópicas porque cuando hay desconfianza se va el dinero de los privados al exterior, y viene el realismo brusco, tipo «rodrigazo». Caída la convertibilidad y producida la crisis con severa devaluación que llevó del dólar «1 a 1» a «3 por 1», el gobierno, desesperado por ingresos fiscales, prohibió el «ajuste por inflación» (le cobran impuestos por «ganancias» a una renta que sólo emerge por simple variación de precios en alza). Ahora el gobierno decide devolver lo que se llevó en 2002, 2003 y lo que se iba a llevar este año. Esa es la importante medida redactada el viernes y publicada en Tapa ayer por Ambito Financiero. Es mucho dinero, 500 millones de pesos por año a grandes empresas que incorporaron bienes de capital (tecnología, por ejemplo, y flotas de vehículos). No beneficia a bancos, por caso, y muy poco a empresas chicas. Pero es útil y marca una tendencia del gobierno a no seguir extrayéndole tanto dinero al sector privado para hacer «economía estatista» como obras públicas digitadas, trenes subsidiados y dádivas por doquier. Dinero restituido al sector privado es algo realmente productivo y capaz de generar empleos.
• Como los que recibirían este dinero son los que invirtieron en activos físicos desde fines de 2000, únicamente serviría para las empresas que abrieron o ampliaron plantas, realizaron inversiones puntuales en infraestructura o adquirieron vehículos o bienes de capital.
• La segunda intención, velada, que tiene el gobierno es compensar a las industrias (y sólo a este sector) por la prohibición de aplicar los mecanismos de ajuste por inflación luego de la devaluación que provocó un incremento en los precios industriales de más de 100 por ciento. Esta medida le permitió primero al gobierno de
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