Diálogo en Wall Sreet
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PERIODISTA: Japón es noticia. En su zozobra, el Nikkei retrocede a las cotizaciones de comienzos de los años '80. Y, curiosamente, Alan Greenspan ha desempolvado el tema de las «burbujas» bursátiles en la reciente reunión de Jackson Hole. Japón nunca se repuso de las consecuencias adversas del estallido de la burbuja de los '80. ¿Podrán los Estados Unidos?
Gordon Gekko: Tienen una ventaja de la que Japón no pudo sacar partido.
P.: ¿Cuál?
P.: El ejemplo del propio Japón...
G.G.: Claro.
P.: Si es por eso, no me quedaría muy confiado.
G.G.: ¿Por qué?
P.: Si se hubiera aprendido bien la lección, en primer lugar, se hubiese evitado gestar otra burbuja.
G.G.: Alan Greenspan dedicó su participación en el cónclave de Jackson Hole, precisamente, a exculpar a la Fed por el error.
P.: ¿Bajo qué argumento?
P.: ¿No es difícil también identificar el comienzo de una recesión?Y, sin embargo, la Fed no se inhibe de tomar decisiones por ello...
G.G.: Es un poco más trabajoso. Y un evento mucho menos usual que una mera recesión. Es más, el año pasado Ed Prescott publicó un «paper» en el que sostiene que la «crisis» del '29 no se debió a ninguna burbuja. P.: ¿No?
P.: ¡Irving Fisher tenía razón!
G.G.: Ese, precisamente, es el título del «paper».
P.: Es una reivindicación inesperada después de 70 años de maltrato.
G.G.: Como ve, aun después de los hechos, hay material para la discusión. En cambio, nadie puede argumentar que lo que ocurrió entre el '29 y el '32 no fue una profunda recesión. Una depresión. Ahí tiene bien marcada la diferencia.
P.:A todos les quedó grabada la advertencia sobre la «exuberancia irracional». O sea que Greenspan tenía sus sospechas sobre una burbuja en ciernes ya en diciembre de 1996.
G.G.: Siempre dijimos que Greenspan había comprado protección; un «call» (una opción de compra) sobre un eventual escenario de burbuja.
P.: Lógico. Pero no hizo nada para impedirlo.
G.G.: Greenspan señala que no había mucho que la Fed pudiera hacer. Aun habiendo identificado correctamente a una burbuja, el uso de la política monetaria tiene limitaciones. La Fed subió las tasas 300 puntos base en 1989 y otro tanto en 1994 y los precios de las acciones bajaron. Por un tiempo. Cuando el proceso de suba de tasas cesó, las acciones retomaron el alza. La experiencia de la Fed -en los últimos 15 años- es que un endurecimiento monetario que corrige el precio de las acciones pero no contrae el nivel de actividad económica está usualmente asociado a un posterior incremento de las cotizaciones. Para poner en caja a una burbuja, la política monetaria debería provocar una recesión lisa y llana, que es precisamente lo que la Fed procura evitar.
P.: En otras palabras: con una sola bala, no se les puede dar a dos blancos distintos.
G.G.: Ese es el argumento. Lo que Greenspan no menciona y todos estos años ha estado en el centro de nuestras discusiones es una situación distinta. ¿Qué pasa cuando los mercados se derrumban y, cada vez, la Fed corre invariablemente en su socorro? Aun cuando la economía real crezca a un ritmo de 6% como luego del colapso ruso en 1998.
P.: Veo adónde apunta...
P.: No hay burbuja sin bonanza...
G.G.: Ni ebullición que perdure con un Camdessus. Usted precisa inculcar la noción de lo infalible. Y la reputación de Greenspan ha sido un ingrediente indisoluble, a mi juicio, en este proceso.
P.: Siempre es mejor prevenir que curar. Si no se pudo prevenir, ¿se puede curar?
G.G.: La Fed puede mitigar las consecuencias de una burbuja. Ya en 1999 -en una exposición ante el Congreso- Greenspan había definido un rol activo para la Fed en esa eventualidad. La Fed, en ese sentido, ha examinado la crisis del Japón con gran minuciosidad. No de ahora, sino por muchos años.
P.: ¿Y cuál es la conclusión?



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