25 de enero 2002 - 00:00

Diálogos de Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo denomina Gordon Gekko, por el personaje que interpretara Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema es la recuperación de la economía de Estados Unidos, a partir del mayor optimismo del titular de la Reserva Federal, Alan Greenspan.)

Diálogos de Wall Street
PERIODISTA: ¿Cuánto progresa la economía de Estados Unidos en el breve lapso de siete días? ¿O Alan Greenspan se corrigió a sí mismo? Parece que no era su intención original -la semana pasada-sonar tan sombrío. En el discurso de hoy (por ayer) subió la dosis de optimismo...

Gordon Gekko:
Así es. La Fed ya lo había hecho saber oficiosamente a través de sendos artículos publicados en «The Washington Post» y en «The Wall Street Journal». La semana pasada, Greenspan erró en la entonación; no quiso sugerir lo que insinuó. Si no más bien lo contrario. Como no abundan los lingüistas entre quienes siguen los vaivenes de la política monetaria, lo mejor fue repetir el tema de la composición y ubicar con mayor esmero los acentos...

P.:A usted no le había parecido un Greenspan muy negativo, sin embargo...


G.G.:
No, por el contrario. Por primera vez desde setiembre 11 parecía decidido a contradecir las expectativas previas de los mercados. Ello es plenamente compatible con la percepción de una economía más sólida y, a su vez, con mercados que ya no necesitan ir de la mano de la Fed...

P.: La semana próxima la Fed celebra su primera reunión de política monetaria del año. El mensaje de Greenspan, me imagino, apunta a modelar de antemano los pronósticos de los analistas...


G.G.:
Por supuesto. De ahí la premura por corregir las interpretaciones erradas. Y quedó muy claro que la Fed maneja un andamiaje complejo de comunicación. Con un canal visible -las apariciones públicas de sus integrantes-y una red oficiosa que le hace de soporte. Que introduce matices o, inclusive, adelanta conclusiones. Y a la que también conviene prestar atención.

P.: Con vistas a la reunión del 29 de enero ¿qué pasará con las tasas de interés? ¿Cree que se producirá una nueva baja?


G.G.:
Mi impresión es que el titular de la Fed está señalando el final del proceso de recorte de tasas de interés. Ni más ni menos.

P.: ¿No habrá espacio para un último recorte?


G.G.:
Pienso que no.

P.: ¿No es un final demasiado abrupto?


G.G.:
Sinceramente no. No veo un corte traumático. Se puede mantener un sesgo hacia la baja de tasas y dejar expresa constancia de ello en el comunicado oficial. Nada impide dejar la puerta abierta por si luego fuera necesario acomodar un cambio de opinión.

P.: ¿Cómo piensa que reaccionará la Bolsa?


G.G.:
Cuando Greenspan lanza un mensaje de este tipo suele buscar como mínimo un espacio de un par de semanas para que los mercados digieran la noticia. Y así puede evaluar su impacto probable. Si la respuesta fuera demasiado negativa, la Fed podría abstenerse o moderar la iniciativa. Las decisiones, de hecho, sólo se toman durante la reunión. No están escritas de antemano.

P.: Esta vez los malos entendidos han recortado el período de evaluación del globo de ensayo...


G.G.:
No creo que sea muy grave. Con tasas a 1,75% el piso siempre está cercano... No es una gran sorpresa.

P.: ¿Cree que las tasas se mantendrán estables o prevé una suba?


G.G.:
Como le apunté la se-mana pasada, veo tasas sin cambios. La Fed suelta la mano. Se torna neutral. Pero es muy temprano para comenzar a apretar. Apostaría, mas bien, a una meseta de tasas. La Bolsa debería encontrar inspiración en la propia marcha de la economía y, sobre todo, en la evolución específica de las empresas. El dinero permanecerá abundante. Recuerde que tasas estables son compatibles con crecimiento de los agregados monetarios si la economía repunta.

P.: Ve un mercado más específico. No tan atado a lo que haga o deje de hacer la Fed.


G.G.:
Correcto. Selectivo. Uno observa un abanico amplio de comportamientos. Hay ingredientes positivos. Y otros que no lo son. Mezclados. Hay balances con mejorías que no se esperaban tan pronto. Esta semana tiene los casos de Nokia o de Amazon. Amazon, por fin, ha cerrado un trimestre con ganancias... Y vale un décimo de lo que supo cotizar cuando sólo era una máquina formidable de quemar billetes.

P.: ¿Fuera de Estados Unidos, qué observa?


G.G.:
Una situación muy grave, muy delicada en Japón. ¿Usted me preguntaba por una suba de tasas en Estados Unidos? No creo que la Fed ni el Banco Central Europeo quieran intentarlo hasta ver qué pasa en Japón...

P.: ¿Y qué pasa en Japón?

G.G.: De nuevo el sistema financiero atraviesa una coyuntura muy difícil. Desde la crisis de 1997-1998 no se repetían condiciones similares. Quiebras en ascenso -las de 2001 fueron las segundas más elevadas de la historia-y fuertes pérdidas de capital por el retroceso de la Bolsa. El premier Koizumi revivió los bríos de la reforma financiera (y una postura negativa a inyectar fondos públicos para compensar las malas carteras de los bancos) pero ahora titubea. La caída de una cadena minorista la semana pasada -con más de 100 mil empleados-obligó a desplegar una gran ingeniería financiera con participación estatal. Una vez más la empresa en bancarrota estaba catalogada como un crédito sólido hasta casi el momento mismo de su caída...

P.: No pinta un panorama alentador...


G.G.:
El 1 de abril cesa la garantía ilimitada del Estado sobre los depósitos. Es el dato que faltaba incluir.

P.: Eso es timing...

G.G.: Hay un crunch crediticio en marcha porque nadie está seguro del riesgo que supone su contrapartida. Hay presión sobre los bancos para limpiar su cartera. Y la posibilidad cierta de asistir a una corrida contra una o varias instituciones. Todo a la vez.

P.: Súmele un yen en rápido descenso y tenemos cartón lleno...


G.G.:
Corea del Sur se queja. Otros lo seguirán pronto. Es un trance muy delicado. Con pronóstico reservado. Lo único positivo es que la exposición internacional de los bancos japoneses es sólo una sombra de lo que era en 1997-'98...

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