Néstor Kirchner durante el discurso en la Bolsa de Comercio.
El discurso de anoche en la Bolsa de Comercio posiblemente sea de los mejores pronunciados del presidente de la Nación. Mesurado, sin ningún agravio, ni siquiera mención política. Claro, tiene buenas cifras para enumerar en seguidilla camino a los tres años de gestión.
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No cayó en demagogias y no le concedió a la Bolsa el reclamo de destinar a inversión en acciones 30% de retención por un año de capitales externos que ingresen al país. Lo hizo amablemente, reconociendo que no hay coincidencia entre economistas sobre si tales controles son o no efectivos (no lo son en el largo plazo y eludibles operando directamente en el exterior). No justificó la medida pero dio a entender que en este momento no es posible favorecer el ingreso de capitales golondrina y es comprensible en un panorama mundial -y aun regional por el caso Bolivia y la crisis política en Brasil- poco definido en el corto plazo que ante cualquier acontecimiento brusco podría desestabilizar el mercado cambiario local. Pero prometió compartir la intención de la Bolsa más adelante, mientras se sigue estudiando el tema. Es bastante.
Néstor Kirchner tiene siempre una particular deferencia con la Bolsa de Comercio de Buenos Aires como no se le nota ante otros grupos de intereses económicos. Concurrió antes de ganar la presidencia y los tres aniversarios de la entidad ejerciendo el cargo. Comparte la aspiración de la Bolsa de encaminar mejor el financiamiento de emprendimientos y se lo notó enfervorizado al agradecer el apoyo en dineros al sector pyme.
Leyó un discurso breve con búsqueda de contundencia en números e improvisó muy poco al final, con tono igualmente calmo. Por supuesto las cifras que brindó muchas son indiscutidas, otras de doble faz para uso interno y las restantes, directamente, no son reales. 23.400 millones de dólares de reservas, 39,6 % de aumento de la actividad industrial, 29% de aumento del crédito a privados (junio contra junio), inversión pública en 6% del PBI, crecimiento económico de 8,8% en 2003, 9% en 2004 y 8% -«sorprendente», dijo- en el primer semestre de este año son realidades. Luego dio las cifras con el color del cristal con el que se mire. Usó como es obvio la óptica del gobierno. Que el riesgo-país de 6.000 puntos «cuando asumí» bajó a 403 luce pero no explica por qué la Argentina toma dinero a 16% en pesos (el lunes en los BODEN 2014) cuando debía lograrlo a 8% anual en dólares de acuerdo con el nuevo «riesgopaís». La recaudación impositiva que ascendió de 23% a 29% del PBI se logra forzando a empresas más allá de la justa legalidad en demasiados casos y sin destinar esa extracción a planes de futuro sino a elevados subsidios. Los u$s 67.000 millones de reducción de deuda (también lo usó Cristina Kirchner el dato) es válido sumando hasta los intereses que no pagó y los 20.000 millones que quedaron afuera del canje pero que tendrá que arreglar después de las elecciones de octubre, además de no referirse a que al prolongarse 3 años la negociación de la deuda el país perdió alrededor de 25.000 millones de dólares de inversiones «genuinas y productivas» como quiere el Presidente (el país pasó del primero al quinto lugar en inversiones en Latinoamérica después de Brasil, México, Chile y hasta Colombia). De la misma manera es cifra discutible el decir que creó 2.500.000 nuevos empleos cuando incluye los planes Jefas y Jefes de Hogar. Por supuesto, no mencionó nunca el problema inflacionario.
Igual, después de los discursos agresivos de su esposa como candidata, de los «escraches» a opositores con piqueteros, de los calificativos de ministros de «bestias» a sus rivales políticos, siempre un discurso con real nivel de un primer mandatario de la Nación es elogiable, aunque con la misma altura puedan ser discutidos algunos de los datos que expuso.
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