12 de mayo 2003 - 00:00

Dólar: las LEBAC son clave

Aldo Pignanelli salió a defender su gestión durante casi todo 2002 al frente del Banco Central. Destaca todas las medidas adoptadas en esta entidad -junto a Mario Blejer-hasta diciembre, cuando por diferencias con Roberto Lavagna debió renunciar. Precisamente, envía un mensaje al ministro de Economía por los efectos positivos que produjeron a la hora de calmar expectativas de hiperinflación y corrida hacia el dólar.

El gobierno provisional de Eduardo Duhalde encontró, el 2 de enero de 2002, una situación económica, social y política que atravesaba una crisis inédita y arrastraba una recesión financiera de más de tres años.

El sistema bancario, dramáticamente paralizado, sufría los efectos del primer «corralito» para los depósitos a la vista, mientras los depósitos a plazo se encontraban congelados por 90 días. Fue la única solución que pudo imaginar el anterior gobierno, ya que durante 2001 salieron del sistema más de u$s 20 mil millones y las reservas internacionales se redujeron de más de u$s 30 mil millones a menos de u$s 15 mil millones.

Duhalde asumió con la cadena de pagos virtualmente rota y las finanzas públicas (nacionales, provinciales y municipales) fuera de control. En el caso de muchas jurisdicciones, el recurso recurrente fue aferrarse a la emisión de cuasi monedas.

La confianza era nula, y el peso comenzaba a devaluarse. El default de la deuda externa pública se había anunciado.

En ese angustioso contexto, quedaba claro que el BCRA no contaba con herramientas idóneas para frenar la fuga de depósitos y la corrida hacia el dólar. Desde el 2 de enero hasta el 24 de abril, sobre un total de 78 días hábiles se establecieron 19 feriados bancarios y cambiarios.

•Dolarización

Como consecuencia de que, en noviembre de 2001, se había permitido la dolarización de los depósitos, más de u$s 20 mil millones que se encontraban a plazo fijo pasaron a estar en cuentas a la vista, cuyo acceso seguía fuertemente restringido. En enero de 2002, hubo que subsumir incluso ese monto en lo que se llamó «corralón», mientras que los depósitos originarios en dólares se pesificaron a 1,40 más CER y se reprogramaron a distintos plazos en función del monto original. A la vez, la devolución de los depósitos a plazo originariamente en pesos se planificó a plazos mucho más cortos. Disposiciones estas que devinieron, finalmente, en los hoy denominados CEDRO.

Para descomprimir un tanto la situación, se dispuso la opción de pasar a cuentas a la vista depósitos reprogramados de hasta $ 7.000, a la vez que se abrió la posibilidad, por un determinado tiempo, de pagar impuestos, cancelar deudas bancarias y comprar bienes registrales con el dinero retenido en los bancos. Para los mayores de 75 años, las indemnizaciones y los casos graves de salud, se estableció la liberación absoluta del «corralón».

En julio de 2002, el gobierno dispuso un primer canje voluntario de CEDRO por títulos denominados BODEN, el que tuvo una adhesión de 25% del total de depósitos reprogramados. En abril, se había presentado un proyecto de ley que ordenaba un canje compulsivo de depósitos por bonos, que no fue aprobado en el Congreso y motivó la renuncia de Jorge Remes Lenicov y la asunción, en la última semana de ese mes, del actual ministro de Economía.

En ese punto, la asistencia del BCRA por la vía de redescuentos a las entidades financieras, que había alcanzado los $ 17 mil millones (en 2001 fue de $ 10.000 millones y en 2002 de $ 7.000 millones), comenzó a disminuir a partir de julio de 2002.

Sin embargo, y a pesar de la vigencia del «corralito», los depósitos siguieron cayendo hasta agosto, cuando comenzó una etapa de crecimiento. De tal modo, los depósitos del sector privado -que en la serie mensual febrero/julio caían $ 2.781 millones, 4.222 millones, 4.477 millones, 4.203 millones, 993 millones y 216 millones, respectivamente-entre agosto y diciembre comienzan a incrementarse a razón de $ 1.100 millones mensuales, de tal manera que en 2002 la monetización resultante fue de 17,3% del PBI, un nivel similar al de la época anterior a la crisis del tequila.

•Liberación

En diciembre, el gobierno decidió liberar el «corralito» y pagar depósitos del «corralón» de hasta $ 7.000 pesos obligatorios y $ 10.000 optativos. En línea con lo planteado por el BCRA en setiembre de ese año, la apertura no tuvo mayor impacto en el sistema financiero, y los depósitos a la vista no modificaron su nivel.

El análisis realizado por el BCRA para recomendar esta liberación se basaba en que los depósitos transaccionales estaban alcanzando niveles, respecto del PBI, idénticos a los de los últimos años, en un ratio que se colocó entre 5% y 6% a partir del mes de agosto.

Como se señaló, en un primer momento, el Central no contaba con herramientas suficientes para absorber fondos que impidieran la corrida hacia el refugio del dólar. Pero la reacción fue rápida y, a partir de marzo de 2002, comenzaron a licitarse las Letras del BCRA (Lebac). Si bien en el arranque la tasa de interés llegó a niveles comenzó una sostenida caída que la ubicó, a fin de año, en menos de 10% anual. En cuanto al volumen, que comenzó siendo muy escaso, llegó a $ 3.000 millones e incluso se llegaron a rechazar ofertas.

De tal manera, el plazo promedio fue mejorando, y se lanzaron con gran éxito colocaciones a 90, 120, 150, 180 y 365 días, por lo que el mercado comenzó a tener una tasa de referencia y una alternativa de inversión distinta del dólar.

Un tema que no se pudo solucionar fue el de los amparos judiciales, que limitaron seriamente la implementación de una política de crecimiento del crédito y de la liquidez de los bancos.

En materia de reestructuración bancaria, hay que recordar que durante el primer semestre todos los especialistas pronosticaban una caída masiva de entidades financieras. Esto no ocurrió, e incluso se logró que los bancos Scotiabank Quilmes, Velox y Edificadora de Olavarría fueran adquiridos por entidades financieras ya existentes.

El caso de los tres bancos del Credit Agricole se solucionó en forma distinta de las anteriores, y lo relevante es que se logró mantenerlos abiertos mientras está en pleno proceso la venta de los respectivos paquetes accionarios.

En resumen, el sector privado se fue ajustando por sí solo, mientras que para el sector público queda pendiente una reestructuración que los torne más competitivos.

•Conclusión

La estrategia de una política monetaria independiente, junto con el mejoramiento de las cuentas fiscales, permitió no sólo estabilizar el tipo de cambio (recordemos que se hablaba de un dólar de $ 10 para fines de 2002), sino, además, evitar el peligro de una catastrófica hiperinflación, restablecer la cadena de pagos e impedir el cierre masivo de las entidades financieras.

La experiencia de los últimos años marca la necesidad de mantener las reglas de juego, respetar los contratos y mejorar la imagen en el exterior. Es mejor no entrar en el juego de amenazar en público y negociar en privado.

Es muy importante iniciar la renegociación de la deuda externa. El tiempo es lo único que no se recupera y, lamentablemente, la demora en buscar verdaderas soluciones se refleja en la pobreza, la desindustrialización y la falta de horizontes.

* Ex presidente del Banco Central

Dejá tu comentario

Te puede interesar