26 de agosto 2002 - 00:00

Duhalde le pidió que se quede a Pignanelli

Aldo Pignanelli y Roberto Lavagna
Aldo Pignanelli y Roberto Lavagna
Aunque confirmó su participación en la reunión de directorio de hoy por la mañana, la continuidad de Aldo Pignanelli como presidente del Banco Central todavía sigue en duda. Altas fuentes del BCRA confiaban, sin embargo, en que seguirá en su puesto pese a los nuevos encontronazos con el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y a los problemas para conseguir la aprobación de su pliego en el Senado. Esta acumulación de problemas lo llevó a Pignanelli a presentar el viernes su renuncia ante el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof. Claro que lo hizo a través de un diálogo telefónico y no por escrito.

Durante el fin de semana, hubo contactos telefónicos del presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, con Pignanelli, para convencerlo de que modifique su postura.
Al Presidente no le conviene, en medio de la negociación con el Fondo, que haya un nuevo recambio en el Central, conocidos los reclamos del organismo internacional para dotar de independencia al organismo.

¿Por qué salió el viernes con tanta vehemencia Lavagna contra Pignanelli? No habría uno, sino varios motivos entremezclados. El que aparece en la superficie tiene que ver con el «corralito» y las posiciones dispares que sostienen desde el Palacio de Hacienda y desde el Central. Pero esto ya es conocido y no alcanzaría para justificar semejante reacción.

• Traición

En realidad, lo que habría desatado la ira de Lavagna y del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, fue el conocimiento de un viaje programado para hoy a la noche a Washington de Pignanelli, acompañado por el economista jefe de la institución, Alejandro Henke. En la gira figuraba una entrevista de dos horas con el número dos del Tesoro, John Taylor. También un encuentro con el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Bill Mc. Donough; y con el titular del Institute for International Finance, Charles Dallara.

Esta próxima gira fue considerada como una traición por parte del equipo económico, que además sigue viendo en el Central conspiraciones para que no se llegue a la firma del acuerdo con el Fondo.

«Si viaja, el que se va soy yo»,
le dijo Lavagna a Duhalde ese viernes.

«Cuánta independencia tendrá el Central que ni siquiera se puede decidir un viaje ni la agenda», se quejaban el fin de semana en la institución.

Pignanelli también viene exigiendo hace tres semanas
que su pliego sea finalmente aprobado en el Senado. Por ahora, se desempeña como presidente «en comisión» del Central, pero precisa la aprobación de su pliego para asegurarse su permanencia hasta el 27 de setiembre de 2004, cuando vence el mandato de seis años que inició Pedro Pou.

Sin embargo, la oposición de senadores menemistas encabezados por Eduardo Menem (que quiere manos libres para el nuevo gobierno), de formoseños (enfrentados con el director del BCRA, como Ricardo Branda) y de algunos duhaldistas cercanos a Roberto Lavagna está demorando esa designación. Ya «cajonearon» los pliegos de cuatro nuevos directores de la institución.

«Ya estoy harto de tantas idas y vueltas. En estas condiciones prefiero irme y me puede reemplazar Jorge Levy»,
le dijo el viernes por la noche Pignanelli al jefe de Gabinete, sugiriendo al mismo tiempo su reemplazo por el nuevo superintendente de bancos y hombre muy allegado al presidente de la Nación, Eduardo Duhalde. Pero altas fuentes del Central confiaban en que la sangre no llegará al río.

«El viernes se enfureció cuando lo vio a Lavagna por televisión tirándose en contra de la política del Central. Pero creo que esto no provocará actitudes drásticas»,
confiaba un miembro del directorio allegado al titular del BCRA.

El ministro de Economía salió a contestar ese mismo día tras conocer la insistencia del BCRA por imponer su proyecto para abrir ya el «corralito». Esto lo había expresado el director de la entidad,
Guillermo Lesniewer, ante un calificado auditorio de la Universidad Di Tella. Pero la reacción de Lavagna no se hizo esperar y acusó al Central de «no cumplir con su tarea».

Ayer, el titular de Hacienda continuó con esa postura, al asegurar que «aduciendo razones técnicas, el BCRA pone intereses sectoriales por encima de los intereses de la gente». Claro que, al mismo tiempo, indicó que no estaba peleado con Pignanelli y que desconocía la posibilidad de una renuncia.

Pero por ahora sigue todo en suspenso. La continuidad de Pignanelli y, en caso de que se quede, la realización de esta gira por los Estados Unidos que emprendería hoy mismo.

P.W.

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