Duhalde puede evitar caer en hiperinflación
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• Edad de piedra
A partir de todo lo anterior, muchos piensan que vamos «de cabeza» a la hiperinflación. Sin duda que podemos ir, pero hoy no es algo inexorable. Se puede evitar. Es cierto que estamos fuera del planeta Tierra debido al default del cual Duhalde es artífice (aunque el papel central lo tiene el «outsider» de la política de Rodríguez Saá) y también es verdad que la situación social tiende a ser explosiva, pero ir a la hiperinflación es una cosa total-mente diferente. En general, los que dicen que inexorable-mente vamos a la híper son los que hoy proponen la dolarización como remedio mágico para todos nuestros males. A su vez, son los mismos que jamás vieron alguna inconsistencia de política econó-mica en la última década dentro de la convertibilidad y consideran que los que defaultearon y devaluaron son descerebrados que llegaron a la «Suizo-Argentina» y por placer destruyeron todo lo que encontraron sano a su paso.
No es, ni fue así. Después de la política fiscal más irresponsable de la historia (por más que los menemistas se esfuercen en «dibujar» lo contrario, la deuda externa pública explotó desde 1991 y el atraso cambiario de Martí-nez de Hoz quedó «enano» al lado del de la convertibilidad), era inexorable tanto el default como la devaluación. Sí es cierto que un default «civilizado» obligaba a sentarse con el acreedor con vergüenza y pedirle que nos refinanciara con quitas de capital la deuda de la cual vivimos una década entera y más aún cuando los acreedores del Estado también eran (en última instancia) los depositantes de plazos fijos de los bancos. Finalmente, la pesificación no tuvo nada que ver con la devaluación y fue una estafa grosera e innecesaria.
La hiperinflación es un fenómeno monetario para lo cual hay que ver la demanda y la oferta de dinero. Hasta ahora, la demanda de dinero ha dado muestras de una estabilidad que sorprende, más aún luego de una devaluación nominal del peso de más de 70%. El circulante del público está hoy en 3,5% del PIB, 1% del PIB menos que en julio de 1999, máximo de la serie de una década de convertibilidad. Incluso, la caída de 22% en términos reales se produjo antes del «corralito» de diciembre de 2001. O sea, sorprendentemente no hemos tenido una caída de la demanda real de dinero en lo que va del año. Sin duda que la cantidad de restricciones de «picapiedras» que se han impuesto desde fines de 2001 hasta ahora para retirar efectivo, más la probabilidad de una estafa en masa a los depositantes, haya ayudado a mantener alta la demanda de circulante por parte de la gente. Pero de todas maneras no deja de sorprender (por el buen resultado que es) que hoy la cantidad de saldos monetarios reales que la gente quiere tener sea igual que el del promedio de la «joyita» de la convertibilidad de 3,5% del PIB.
En cuanto a la oferta, el crédito interno neto del BCRA para los bancos en lo que va del año fue de $ 10.000 millones. El fisco federal, por su parte, recibió poca plata del BCRA dado que no está pagando la deuda que hoy ya tiene un devengamiento de intereses de 8% del PIB (debido a lo cual estamos fuera del planeta) y por el lado del resultado pri-mario, en el margen, está con un ligero superávit merced a un impuestazo gran parte no coparticipado de 2,5% del PIB que más que compensa la suba de gasto social, el efecto Olivera-Tanzi y la caída en la recaudación por caída de la actividad económica. Las provincias «apuntan» a un déficit primario de 2% del PIB (tampoco pagan la deuda) financiado con el «no pago» a proveedores y bonos truchos, cuya cotización no se destroza hasta ahora y no generan un problema grave de «Ley de Gresham» (como era de esperar) porque el gobierno central al aceptarlos para el pago de impuestos los está rescatando luego de que
las provincias los emiten. El problema hacia adelante aquí es ¿qué gasto primario se bajará si la rueda de emisiones de bonos provinciales es creciente y el gobierno federal continúa permitiendo que con ellos se paguen impuestos nacionales?
Sorprende hasta ahora que un peronista bien rancio como Duhalde no aumentara los salarios públicos como en los '70 y '80 después de un aumento del dólar de 270%. El miedo a la hiperinflación ha tenido, hasta ahora, un efecto «miedo» bien grande. Obviamente que la duda es si Duhalde seguirá «sentado» sobre el gasto primario «no social» y sobre el gasto primario social marginal (más alto que el del primer semestre). Si lo hace, todo el problema monetario de muy corto plazo queda concentrado en el sistema bancario (el de mediano incluye la renegociación de la deuda pública) y aquí el tema central son los amparos. Por eso el FMI cuando habla de la necesidad de fijar un «ancla nominal» se concentra en el problema bancario.
Duhalde no tiene espíritu para hacer grandes cosas, pero puede evitar que estalle en el país la tercera bomba atómica (la híper) luego que fue protagonista de las dos anteriores (default y devaluación). ¿Seguirá teniendo sentido de supervivencia?




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