17 de diciembre 2019 - 00:00

Política económica, inmoralidad y resultados


Ignacio Petunchi

La primer conferencia de prensa del nuevo ministro de Economía estuvo peleada con la moral. La inmoralidad conduce a usar mala teoría económica, llevando a diagnósticos errados. Consecuentemente, se diseñan y aplican políticas equivocadas que generan malos resultados en el mediano y largo plazo.

¿Por qué estuvo peleada con la moral? Primero, al igual que Cambiemos en 2015, asumieron sin plan económico hecho. Más de lo mismo, pero ahora es más grave, porque a diferencia de Cambiemos, que nunca pensó que ganaría, hace tres meses que todo el mundo sabía que A.F. terminaría siendo Presidente, por lo cual es inmoral asumir sin un plan hecho. Más aún si se dice que la herencia macro 2019 es mucho más delicada que la herencia macro 2015, lo cual es verdad.

En este marco, se perdió la oportunidad de anunciar un plan económico con lujo de detalles y presentar la ingeniería financiera de una oferta de nuevos bonos para reestructurar la deuda. Se perdió la oportunidad de construir reputación y brindar señales para que, mirando hacia el futuro, haya credibilidad. En este punto se aprecia claramente como la inmoralidad afecta negativamente la esfera teórica técnica.

Segundo, siguió siendo inmoral cuando el nuevo ministro planteó que “venimos a cuidar el Estado y la cuestión pública, que es cuidar la Argentina”, sincerando que viene a trabajar para la política y los burócratas, que son los que no producen, ni generan riqueza, pero viven de los impuestos que pagan los que producen, generan riqueza y producen valor para el prójimo. El ministro viene a agrandar la verdadera grieta: en favor de los que viven de los medios políticos y en contra de los que viven de los medios económicos (ver Franz Oppenheimer).

Tercero, la conferencia siguió siendo inmoral cuando el nuevo ministro dijo “no hay margen para políticas de ajuste el próximo año”. El nuevo ministro miente. Sí habrá ajuste en 2020, y será fuerte, recayendo en los mismos (esquilmados) de “siempre”.

Cuarto, fue inmoral cuando se adhirió a la frase “los que más tienen, deben hacer un aporte solidario para quienes están pasándola mal”, lo cual implica un trato desigual frente a la ley. La ley y su aplicación dejan de ser objetivas y comienzan a estar guiadas por la subjetividad del burócrata de turno que, escondiéndose detrás de la mentira de la justicia social, castiga a algunos y premia a otros.

¿Por qué la inmoralidad lleva a malos diagnósticos, erradas políticas y peores resultados? El principal problema económico es la falta de crecimiento. El PBI per cápita de 2019 cae -8% (2015); -12% (2011) y -4% (2007) en la película de los últimos 12 años; una saga de tres episodios dirigida sucesivamente por CFK (episodio 1 y 2) y Macri (episodio 3). En este marco, el nuevo ministro debería haber presentado un diagnóstico de las verdaderas razones por las cuales Argentina no crece; y luego anunciar un plan económico (en detalle) con las políticas correctoras. Nada de esto hizo.

Argentina no crece como consecuencia del tamaño del Estado, del (elevado) gasto público, la (exorbitante) presión tributaria y cantidad de regulaciones. Argentina no crece porque el Estado asfixia al sector privado, no dejándolo hacer negocios, ni ganar dinero. Sin la posibilidad de hacer negocios, ni ganar dinero, el sector privado no invierte, ni acumula capital, por ende no amplía su frontera de posibilidades de producción, no genera más riqueza; y no crece. Consecuentemente, no se crean puestos de trabajo y tanto la demanda laboral como el salario real caen.

Hoy en día, el gasto público (presión tributaria) es +14 (+8%) p.p. mayor en términos del PBI que en 2003. Además, se tiene un resultado fiscal -5p.p. del PBI peor que en 2003. Nuestro PBI per cápita no puede financiar este tamaño de Estado. Así, el contexto monetario 2019 también es infinitamente peor que el contexto 2003. Actualmente hay fuerte desequilibrio monetario, caída de la demanda de dinero y altas expectativas de inflación. Por el contrario, en 2003 había equilibrio monetario, demanda de dinero creciente y bajas expectativas de inflación. Los números de dólar e inflación de 2019 y 2003 son elocuentes en este sentido.

Sin embargo, el ministro jamás identificará las verdaderas causas de la debacle argentina, y mucho menos diseñará un plan económico para subsanar el problema. ¿Por qué? Porque el ministro trabaja para la política y el mantenimiento de sus privilegios de casta, ya que viene a agrandar el Estado y el negocio de la política (y sus burócratas) a expensas de los privados. Habrá más gasto, más impuestos, más Estado y más ajuste del sector privado, pero nada de ajuste a la política.

Se viene un nuevo plan heterodoxo con fuertes aumentos del gasto focalizados en los segmentos más vulnerables. Al principio, habrá más déficit primario que será financiado con emisión. Recién más tarde y con retraso entrarán los recursos de la mayor presión fiscal. Se pagará más Ganancias, Bienes Personales, Retenciones, ¿Renta Financiera?, ¿Impuesto a la Herencia? que el año pasado. Las Retenciones suben al 30% (soja), 12% (maíz, trigo, cereales) y 9% (agroindustria). Se propone un impuesto del 30% para los gastos en el exterior. Habrá. Los gobernadores quieren abandonar el acuerdo fiscal para aumentar IIBB.

En definitiva, se pagarán más impuestos al ahorro, al capital y a la “generación” de dólares, lo cual es un atentado contra el crecimiento económico, pero es caja para los burócratas que cuidan el Estado y la cuestión pública. En este contexto fiscal y monetario, agrandar el Estado asegura más dólar, más brecha, más inflación y peor nivel de actividad en el mediano y largo plazo.

La deuda se paga financieramente (económicamente) en el corto (largo) plazo con superávit primario (crecimiento). La suma de los superávit primarios futuros descontados debe ser mayor que la deuda y debe haber crecimiento sostenido del PBI per cápita en el largo plazo para que la deuda sea pagable y tenga refinanciamiento.

Sin embargo, las palabras del ministro y las primeras medidas anticipan que no habrá ni superávit primario ni crecimiento “en serio”, por lo cual la deuda seguirá siendo insustentable en términos dinámicos. Toda reestructuración terminará siendo un maquillaje que tarde o temprano se caerá. Así, asumiendo que se alinean todos los astros y se firma una reestructuración de deuda con dos años de gracias, pateando pagos y con el taxímetro corriendo (supuesta propuesta del ministro), sin un rápido y significativo superávit primario, y sin el PBI per cápita creciendo sostenidamente (¡ambas cosas juntas!), los problemas de endeudamiento terminarán siendo mayores cuando haya que pagar.

(*) Profesor de la UB, UBA y Director de E&R

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