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En un desayuno de trabajo se escucharon observaciones muy prácticas sobre como reorganizar la banca y también se observa como dentro de los técnicos del justicialismo aparece como más lejos la idea de dolarizar. Lo que sí parece inevitable es que la Argentina va a un sistema financiero muy distinto del que conoció con banca especializada en inversiones y en transacciones.
No faltaron economistas del radicalismo como Beatriz Nofal o gente de FIEL como Juan Luis Bour. También estuvieron presentes por el PJ Pablo Rojo y Nicolás Weisz Wassing.
Las partes sobresalientes del diálogo fueron las siguientes:
En los Estados Unidos, después de la crisis del '30, se impuso un sistema que separaba la banca comercial de la banca de inversión. La Argentina debería separar los balances de la banca de ahorro y crédito de los de la banca transaccional. Se deben establecer encajes muy altos para dar al público todas las garantías de que la banca transaccional es un sistema sólido. También es necesario organizar la banca de ahorro y crédito. Este debe ser un sistema de mayor riesgo, aunque se requiere prudencia en no permitir «descalces» como en el pasado y hacer una profunda reflexión sobre cómo funcionará el sistema multiplicador del crédito si volvemos a la convertibilidad.
La combinación de la libertad monetaria (de pesos y dólares) con un sistema de encaje fraccionario permitía el crecimiento del ahorro. La pérdida de confianza hizo que los activos fueran un factor de debilidad del sistema financiero. Nuestros vaivenes políticos, ciclos políticos y económicos y la alta volatilidad causaron la fractura de ese equilibrio.
Sólo se debería prestar en dólares en adelante, ajustar las normas regulatorias para que el ahorro captado en dólares sólo se preste en dólares. Esto generaría escasez de liquidez para la adquisición de bienes no transables (los bienes que usa una familia) y de servicios.