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29 de agosto 2026 - 20:06

EEUU alertó que la volatilidad del yen podría encarecer el crédito y presionar a los bonos del Tesoro

Scott Bessent defendió la intervención conjunta realizada a fines de julio y advirtió que una liquidación forzada de activos japoneses tendría consecuencias sobre los hogares y las empresas norteamericanas.

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Scott Bessent defendió el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria para comprar yenes.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, defendió la decisión de intervenir en el mercado cambiario para sostener al yen y advirtió que una depreciación desordenada de la moneda japonesa podría afectar al sistema financiero internacional.

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El funcionario explicó que una mayor inestabilidad podría obligar a inversores de Japón a desprenderse de posiciones en otros mercados, incluidos los bonos estadounidenses. Ese movimiento elevaría los rendimientos de los títulos y, como consecuencia, aumentaría los costos de financiamiento para las familias y las empresas de EEUU.

“Japón es uno de los principales tenedores de bonos del Tesoro de Estados Unidos”, sostuvo Bessent en una carta enviada a la senadora demócrata Elizabeth Warren, cuyo contenido fue difundido por Bloomberg. El secretario agregó que una liquidación forzada de esos activos podría tener efectos sobre la economía norteamericana.

La respuesta llegó después de que Warren cuestionara el uso del Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF, por sus siglas en inglés) para respaldar a la divisa nipona y reclamara precisiones sobre los recursos comprometidos por Washington.

La moneda japonesa volvió a superar las 160 unidades por dólar y borró parte del avance logrado tras la intervención.

La intervención que EEUU y Japón realizaron hace un mes

La operación se concretó el 30 y 31 de julio, cuando el yen se aproximaba a un mínimo de cuatro décadas cercano a las 164 unidades por dólar. Japón compró su propia moneda y recibió el acompañamiento de Estados Unidos en una intervención coordinada poco habitual.

El Tesoro estadounidense utilizó activos en moneda extranjera que ya integraban el ESF para adquirir yenes. Bessent rechazó que la operación haya implicado un préstamo o un desembolso presupuestario adicional.

“No se concedió ningún crédito a Japón”, afirmó el funcionario. “Japón no le debe nada al Tesoro. Por lo tanto, no existe riesgo alguno de que no pueda pagar una deuda que no existe”, agregó.

El secretario sostuvo que el procedimiento estuvo amparado por las facultades legales del fondo, que permiten realizar operaciones con divisas -con aprobación presidencial- para favorecer un funcionamiento ordenado de los mercados cambiarios.

Washington no informó públicamente la cantidad de yenes adquirida, aunque una fotografía tomada durante una reunión de gabinete mostró entre las anotaciones de Bessent la referencia a una posible compra por entre u$s5.000 millones y u$s10.000 millones. La intervención fue la primera compra de yenes realizada por Estados Unidos desde 1998.

Por su parte, el Ministerio de Finanzas japonés informó que utilizó un récord de 15,4 billones de yenes, equivalentes a unos u$s96.500 millones, entre el 30 de julio y el 26 de agosto. La cifra confirmó la magnitud del operativo desplegado para alejar a la moneda de sus mínimos históricos.

El yen volvió a caer y borró parte del efecto inicial

La intervención produjo una recuperación inmediata de la moneda japonesa, que llegó a ubicarse cerca de las 156 unidades por dólar. Sin embargo, el efecto comenzó a diluirse con el correr de las semanas.

Este viernes, el yen volvió a superar la barrera de 160 unidades por dólar y perdió más de la mitad del terreno ganado desde el operativo coordinado. El movimiento reavivó las dudas sobre la duración de la estrategia y la posibilidad de que Tokio vuelva a actuar en el mercado.

La debilidad de la divisa japonesa responde, en parte, a la amplia diferencia entre las tasas de interés de Japón y las de otras economías desarrolladas. Aunque el Banco de Japón comenzó a endurecer su política monetaria, los costos financieros todavía permanecen por debajo de los estadounidenses y favorecen las operaciones financiadas con yenes.

El deterioro cambiario también encarece las importaciones japonesas, especialmente las vinculadas con la energía. Japón depende casi por completo del abastecimiento externo y recibe cerca del 95% de sus suministros energéticos desde Medio Oriente, lo que aumenta su exposición ante las tensiones geopolíticas.

Frente a ese escenario, Bessent sostuvo que la operación buscó impedir que la inestabilidad se transformara en un problema más amplio: “La vida económica y financiera se trata de evitar que ocurran las crisis”.

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