El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la concesión de préstamos por 17.400 millones de dólares en dinero fiscal para las asfixiadas compañías automotrices locales, pero bajo duras condiciones que incluyen demostrar su "viabilidad" en apenas tres meses.
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"Durante años, los fabricantes estadounidenses de automóviles enfrentaron serios desafíos: pesados costos, una cada vez más pequeña porción del mercado y la declinación de sus ganancias", explicó Bush desde el salón Roosevelt de la Casa Blanca.
Para peor, "en los últimos meses, la crisis financiera hizo estos desafíos más severos", añadió Bush.
"Ahora -continuó-, algunos ejecutivos de las automotrices dicen que sus compañías están cerca del colapso y que la única manera de ganar tiempo para restructurar es con la ayuda del gobierno federal".
Bush afirmó que, si se permitiera al mercado aplicar sus propias reglas, las automotrices se estarían dirigiendo "casi seguramente hacia una bancarrota desordenada y la liquidación" de las empresas.
"Bajo circunstancias económicas ordinarias -argumentó el presidente-, diría que ese sería el precio que deben pagar las empresas que fracasan, y yo no intervendría para prevenir que las automotrices quiebren".
"Pero estas no son circunstancias ordinarias" porque Estados Unidos está en medio de una "crisis financiera y recesión" y "permitir el colapso de la industria automotriz no es el camino responsable", aseguró.
El presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, reaccionó de manera positiva al anuncio de Bush, calificándolo de "paso necesario para evitar el colapso" que, afirmó, "tendría consecuencias devastadoras sobre nuestra economía y nuestros trabajadores".
La relatora de la cámara de Diputados, la demócrata Nancy Pelosi, indicó que la crisis de las automotrices está poniendo en juego dos millones de puestos de trabajo.
Obama dijo que, ahora que recibieron el paquete de ayuda, las automotrices deben "juntar" a todos los sectores, incluyendo a sus financistas, concesionarios y sindicatos, "para tomar las duras decisiones necesarias para alcanzar la viabilidad a largo plazo".
Las automotrices, añadió Obama, "no deben derrochar esta posibilidad de reformar las malas prácticas administrativas" y, en cambio, "deben empezar la absolutamente necesaria restructuración a largo plazo".
El desembolso en favor de las automotrices prácticamente agotará la primera mitad del paquete de salvataje financiero de 700.000 millones de dólares lanzado por la Casa Blanca y aprobado en octubre por el Congreso.
En ese sentido, el ministro del Tesoro, Henry Paulson, pidió hoy al parlamento que dé luz verde a la segunda mitad del paquete.
Según lo estipulado, General Motors recibirá 13.400 millones de dólares y Chrysler otros 4.000 millones, mientras que Ford, el otro coloso en problemas, le dijo a la Casa Blanca que no necesita este tipo de liquidez, al menos por ahora.
Los préstamos pueden ser cancelados, advirtió el gobierno, si las automotrices no demuestran hasta marzo próximo que son nuevamente económicamente viables.
El administrador delegado de General Motors, Rick Wagoner, se declaró "muy confiado" sobre las chances de recuperación de su empresa ahora que recibirá el dinero de los contribuyentes.
"Los fondos nos permitirán avanzar con los planes de restructuración ya presentados, trabajaremos con las autoridades y seremos muy transparentes", prometió Wagoner.