Cuando aparecen esos clásicos «meteoros» políticos argentinos, todo se entremezcla en la rueda siguiente. Y a una baja de la Bolsa, con el aumento de volumen que elevó al doble las cifras tan pobres del viernes, se le pueden adosar dos interpretaciones. O bien que el desconcierto por la salida de Gustavo Béliz -que no fue en paz, sino dejando tierra arrasada en el Gabinete- haya resultado el propulsor del rebaje del Merval hasta 2,3 por ciento. O que esa degradación de los negocios haya respondido a un curso inevitable, natural, para poder destrabar lo que ya era casi imposible de hacer en el mercado.
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Quédese el lector con la argumentación que guste, o puede poner una porción de ambas, el hecho es que con el desagio sobre cotizaciones el volumen consiguió subir a más presentables $ 22 millones de efectivo, para las acciones.
El desarrollo, claramente en una pendiente, mostró que el mínimo del Merval -y su cierre- estuvo a solamente un punto de diferencia. Con 953 de clausura, se alejó bastante la posibilidad de atacar a los 1.000 y que pareció estar al alcance de dos ruedas buenas, una semana antes.
Ayer, sufriendo más las más líquidas, ante órdenes de salida, el Grupo Galicia encabezó la procesión bajista -sin ninguna en avancecon 3%. Una semana que amaneció con pronóstico complicado, pero si se puede sostener un ritmo aceptable, ya es positivo.
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