Los principales socios y vecinos de la Argentina luchan día a día, a través de intervenciones activas de sus Bancos centrales, por mantener la estabilidad de sus monedas luego de la fuerte devaluación del peso argentino. Así, con un dólar que aumentó 210% en menos de tres meses, la Argentina ha conseguido una importante ganancia de competitividad frente a Brasil, Uruguay y Chile, cuyas monedas se vienen devaluando mucho más lentamente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En Uruguay, el peso cerró ayer a 15,30 uruguayos por dólar, lo que significa una depreciación de 9,3% desde que el 6 de enero pasado, el presidente argentino Eduardo Duhalde puso fin a la convertibilidad. Además, el Banco Central uruguayo se ha visto seguidamente en la necesidad de intervenir para evitar que la moneda supere el máximo fijado en la pauta de devaluación mensual, y apenas un día después de que se iniciara la escalada del dólar en la Argentina, el gobierno uruguayo duplicó la pauta de devaluación que pasó de 1,2% a 2,4% mensual.
En Chile, el dólar subió apenas 2,3% desde el fin de la convertibilidad, aunque llegó a acumular un alza de 5% que sólo fue posible reducir a partir de la intervención del Banco Central, que, por primera vez desde que en 1999 liberó su tipo de cambio, anunció que colocará u$s 1.000 millones de pagarés hasta fin de año. Ayer el tipo de cambio cerró a 670 pesos chilenos por dólar, frente a 655 que cotizaba en la primera semana de enero. Sin embrago, este país ya venía descontando la crisis argentina: en octubre pasado, el dólar en Chile llegó a cotizar a 715 pesos chilenos, frente a 572 que cotizaba en enero de 2001.
Una situación similar vive Brasil, donde el dólar cotizó ayer a 2,36 reales, más bajo incluso que el valor que tenía este país cuando la Argentina decidió formalizar su salida de la paridad 1 a 1. Sin embargo, Brasil ya venía descontando la devaluación argentina desde mediados del año pasado. En agosto de 2001, el dólar llegó a venderse a 2,83 reales. Pero la política agresiva del Banco Central que preside Arminio Fraga, que desde entonces inyectó unos u$s 6.000 millones en el mercado, y el acuerdo con el FMI permitieron amortiguar el impacto y preparar a este país para afrontar en calma el fin de la convertibilidad argentina.
También Paraguay se vio obligado a devaluar su moneda 6,3% desde los primeros días de enero. Así, desde entonces, el valor del guaraní pasó de 4.600 por dólar a 4.890. • Recesión
La situación más difícil la vive sin dudas Uruguay. Un país tan dolarizado como la Argentina y con una relación comercial muy dependiente de su vecino. Uruguay tiene un sistema cambiario de flotación sucia, donde el precio del dólar se establece según la oferta y demanda de mercado, siempre que no supere ciertas bandas. Ya en junio del año pasado, cuando el entonces ministro de Economía argentino Domingo Cavallo anunció la introducción del factor de convergencia, Uruguay duplicó su pauta de devaluación mensual, que pasó de 0,6% a 1,2%. El 7 de enero de este año, un día después de que Duhalde anunció el fin de la convertibilidad, este país volvió a duplicar su pauta devaluatoria a 2,4%, con lo cual se espera que supere 28% en el año. Paralelamente, el Banco Central uruguayo se ha visto obligado en varias oportunidades a intervenir en el mercado para evitar que esa banda sea violada. Sólo en la primera semana de enero se inyectaron unos u$s 100 millones, una cifra importante para el nivel de reservas del Uruguay.
Como consecuencia de la crisis argentina, el Uruguay también soporta tres años de recesión, ha debido implementar recortes de gastos y busca intensamente la apertura de nuevos mercados que le permitan tener una dinámica económica propia y lo despeguen de las crisis vecinas que han repercutido muy fuerte en su nivel de exportaciones. En los últimos días, han circulado rumores en este país de que se acentuaría el ritmo de devaluación. Sin embargo, hasta el momento, el gobierno uruguayo descartó esta posibilidad.
Dejá tu comentario