1 de marzo 2005 - 00:00

El estilo K ahorró u$s 20.000 millones

Dentro de un año le dirán: ¿y para qué?

Aun podrá decirles: «Los de la década del noventa, los que se llaman neoliberales, me dejaron una deuda pública impaga sólo con bonistas de ochenta mil millones de dólares que, si nos aplicaban intereses, llegaban a 100.000 y logramos que nos reclamen menos de la mitad.»

Lo encararán igual porque, como en accidentes con salvaciones providenciales, es difícil valorar que no haya sucedido nada después que no sucedió nada. Luego de saltar a tiempo del avión siniestrado y alegrarse se reclama con angustia por las valijas. Somos humanos.

Le es difícil al hombre común entender y menos aún imaginar cuáles hubieran sido las penurias y carencias sin una reducción de la abrumadora deuda pública que habíamos acumulado. Se ha renegociado pagar poco más de 30% aquí y en el resto del mundo a los acreedores. Sin algarada significa haberle ahorrado al país u$s 40.000 millones en tres años de arduas gestiones. Si el ministro Lavagna no lo hubiera alargado (lo hizo porque creía que se iba junto con Duhalde), habríamos tenido en el lapso quizás 13.000 millones de dólares de inversiones internacionales nuevas (la mitad que Brasil, que tuvo 25.000 millones en el mismo tiempo). No le hubiéramos tenido que pagar u$s 10.000 millones a organismos internacionales que no nos renovaron créditos por estar en default. Finalmente, hubiéramos recaudado y ahorrado en tasas de interés no menos de otros 2.000 millones. En resumen, Kirchner-Lavagna nos ahorraron con sus empecinamientos 15.000 millones de dólares. Para ser justos, 20.000 millones porque para un acuerdo rápido hubiéramos tenido que pagar no menos de 5.000 millones más.

20.000 millones de dólares ahorrados en este cálculo realista no es poco, por cierto.

No será fácil el futuro argentino pero convengamos que antes de esta negociación era peor. Esas inversiones mundiales que no tuvimos, las mejores recaudaciones que nos perdimos, hubieran significado empleos que no están. No es cierto que el mayor desafío de la gestión de Néstor Kirchner desde el 2003 haya sido negociar la deuda pública. Siempre lo es, para cualquier gobierno el desempleo porque si lo doblega es porque hay buen ritmo de inversiones, crecimiento del bienestar y desarrollo del país. Además de justicia social y más seguridad para todos.

• Apenas esperanza

Salir del default, más con esta línea de gobierno, no asegura inversiones inmediatas y menor desempleo. Apenas si abre la esperanza.

Por eso no deberíamos hacer triunfalismo. Debe cuidarse mucho en esto el Presidente aunque lo tiente el logro de la negociación para ahogar los sinsabores del escándalo de Ezeiza, el Waterloo de Santiago del Estero. Y hasta Cromañón.

En 95 años hemos tenido sólo 6 con superávit fiscal. Dos de ellos corresponden a este gobierno. Es muy positivo. También llevamos dos años consecutivos de crecimiento del producto a un promedio de 8,4%, pero debemos ser humildes. China lleva 24 años promediando 9,4% de crecimiento cada doce meses. Malasia creció 12 años seguidos. Chile creció 15 hasta 1999, a 7% anual, según datos de la Fundación Mediterránea. Con 80% de aceptación de canje tendremos una deuda de u$s 145.000 millones. Es enorme.

Desproporcionada al producto que generamos. Será imperioso, entonces, seguir creciendo y manteniendo superávit fiscal.

Si hubiera surgido un peor arreglo o una escasa aceptación, habría habido más desocupados. Pero eso no se verá. En cambio, sí sucederá si un triunfalismo irrita al mundo. De los u$s 20.000 millones -de aquí y de afuera- que nos salvamos de pagar, la mitad puede ser a causa de la avaricia por tasas impagables a que obligaba la fuga de capitales. Pero otros u$s 10.000 millones, en grandes números, debieron ser de ahorristas auténticos y abnegados. ¿Cómo podemos entonces gritarles en la cara que les hemos ganado?

Salir del default con privados no nos hace automáticamente atractivos para inversiones internacionales, salvo que les aseguremos un monopolio y así hasta Corea del Norte es imán.

La realidad económica moderna muestra que los países grandes que llegaron al siglo XXI con alto grado de pobreza -caso China, Brasil, India, el conjunto asiático- pero con vasta población son los más atractivos para los capitales. No es el caso de la Argentina, país de escasos 37 millones de habitantes que desperdició los 60 últimos años para crecer en serio. Peor situación aun si este gobierno no inspira confianza.

Por eso cuidado con que se interprete mal las radiografías que sólo han dicho que no hay cáncer, sin asegurar salud al resto. Si por el resultado de la negociación alardeamos -el Presidente ya insinuó eso en varios discursos y dada su personalidad, es difícil que no lo haga- el mundo que nos regaló dinero no perdonará.

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