Un extenso aunque incompleto informe se conoció ayer sobre el rol del FMI durante la crisis argentina, realizado por una oficina independiente contratada por el propio organismo. Se detallan allí los errores del directorio del Fondo por no haber exigido un mayor control fiscal. También critica que no se hayan ofrecido alternativas para abandonar antes el uno a uno y haber prolongado el financiamiento hasta fines de 2001, cuando la debacle era inevitable. En cambio, el informe no deja claro si fueron los gobiernos argentinos o el propio FMI los culpables de haber desarrollado políticas que terminaron en el default. De todas maneras, pone más responsabilidad en los últimos gobiernos. Lavagna aprovechó para responder con una ironía: "No se equivoquen de nuevo, porque dentro de once años escribirán un informe, pero a nosotros nos costará desempleo y pobreza".
La auditoría del Fondo Monetario Internacional reconoció muy poca responsabilidad en las causas que desembocaron en el derrumbe económico de 2001 y culpó a las autoridades argentinas por no haber impuesto reformas institucionales profundas y no haber mantenido una conducta fiscal «ejemplar» compatible con el régimen de convertibilidad.
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En el trabajo de 200 páginas difundido ayer por la Oficina de Evaluación Independiente (IEO, por sus siglas en inglés), los encargados del seguimiento de las causales de la crisis argentina, entre cuyos miembros se encuentra Miguel Angel Broda, recriminan al FMI haber respaldado políticas débiles por mucho tiempo, inclusive cuando la falta de control en el gasto público o en la necesidad de profundas modificaciones estructurales eran inexistentes.
En el documento, el FMI reprochó a los responsables de turno argentinos haberles adjudicado la autoría de programas que impulsaba reformas controversiales, como cambios en el régimen de seguridad social, reforma laboral y leyes impositivas en las cuales el FMI sólo brindaba apoyo técnico solicitado por el gobierno, y que luego fueron presentadas ante el mundo como pedidos explícitos del organismo.
• Beneficio de la duda
Como uno de sus mayores errores, el FMI apunta no haber impulsado mayor disciplina fiscal, teniendo en cuenta que los objetivos de déficit público nunca se cumplieron del '94 en adelante, y de haber otorgado el «beneficio de la duda» al gobierno de De la Rúa en el momento en que la sustentabilidad del modelo estaba en cuestión, acompañados de fallas en los procesos internos de toma de decisiones.
De acuerdo a la postura de la comisión, otro de los puntos centrales no atendidos por el organismo fue la inexistencia de planes alternativos mientras la situación empeoraba. «El FMI dio el apoyo financiero para solventar la convertibilidad inclusive en 2001, a pesar de que las políticas empleadas por el gobierno en ese momento no eran las adecuadas. Los fondos empleados en preservar esa situación podrían haber sido mejor empleados en cubrir parte de los inevitables costos de salida, si el FMI hubiera detenido antes los desembolsos que apoyaban una estrategia que no era sustentable» indica el paper en uno de sus pasajes. La falta de un plan «B», de una alternativa meditada en caso del fracaso del modelo puesto en práctica, al no haber discutido nunca planes contingentes, apunta a un reproche directo a los antiguos directivos del Fondo, Michel Camdessus, Stanley Fisher, Horst Köhler y Anne Krueger, entre otros. Dicha responsabilidad, según el informe, recae en el Directorio del organismo, al no haber cumplido plenamente con sus responsabilidades por no contemplar este tipo de situaciones. Simultáneamente, se señala que algunas decisiones fundamentales sobre el caso argentino se tomaron fuera del directorio, ante la falta de voluntad de que todos los miembros del mismo estén al tanto de ellas.
El estallido de la crisis de 2001 lleva un capítulo aparte del trabajo. La decisión de enero de 2001 de otorgar un nuevo paquete de ayuda («blindaje») por u$s 22.000 millones, se basó en el diagnóstico de que el país enfrentaba una crisis de liquidez, y que cualquier problema de tipo de cambio o de sustentabilidad de la deuda podía ser cubierto con acciones de mayor rigidez fiscal, reformas estructurales y respaldo financiero. Según el FMI en ese momento, la recesión era fruto de diversos shocks externos temporales, y con la ayuda se apostaba a que, después de un tiempo, esas condiciones internacionales se revirtieran. En el informe, la comisión señala que «no hubiera fallado la estrategia definida si los supuestos hubieran sido los correctos, cosa que no fue, y si el programa propuesto hubiera sido aplicado de forma impecable por las autoridades argentinas, elemento que no sucedió». También en la voluntad de seguir con la ayuda figuró la falta de interés en afrontar los costos de un cambio radical del modelo, punto que, inclusive, las autoridades argentinas se negaron a discutir.
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