El cliente argentino entra en el megalocal que tiene Levi's en Lexington y 59th St., en el Upper East Side de Manhattan. Pide un jean modelo 501 (clásico, cinco bolsillos, botones) para su talle. Pregunta el precio: «Cuarenta y nueve con noventa y nueve», le responde el vendedor.
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La tentación es fuerte y el hombre cede a ella: «Deme dos», pide, ante la extrañeza del empleado. «Uno lavado y otro azul obscuro». Y como las prendas suman menos de u$s 100, no paga el impuesto a las ventas. Periodista al fin, no puede evitar preguntarle a Joe (que así se llama el vendedor) cuánto gana. «Veintidós mil» (dólares al año), responde.
Las cuentas son inevitables: la prenda fue comprada en el que seguramente es uno de los diez puntos más caros del planeta en lo que hace a costo de la propiedad. El salario anual de Joe cuadruplica en el peor de los casos el de cualquier colega que atienda un negocio en un shopping center argentino. Lo mismo puede decirse de los servicios (luz, gas, teléfono, impuestos, vigilancia); quizás el costo de confeccionar la prenda sea parecido: los Levi's que se venden en Nueva York están hechos en Oriente, los que se venden en la Argentina en muchos casos también (en otros, por obreros que al menos 50% de ellos trabajan en negro en el Bajo Flores o en algún otro andurrial suburbano). Además, la tela de jean es casi un commodity.
La pregunta surge sola, entonces: ¿por qué los argentinos pagan más que los estadounidenses, los mexicanos, los australianos? Los costos son una fracción que en esos países, y sus ingresos también lo son en relación con los clientes de esos mercados.
La explicación que suelen dar los «diseñadores» locales -que por lo general viajan a Europa o Estados Unidos a copiar los modelos de la temporada anterior- es que «lo que se cobra es la exclusividad: si querés tener un jean de nuestra marca tenés que poder pagarlo porque a nadie le gusta -si tiene plata- que el jardinero o el piletero use la misma ropa que él».
El argumento se «cae» ante el hecho de que en uno de los lugares más exclusivos del mundo (el Upper East Side) se consiguen prendas por mucho menos que en los malls porteños donde se ofrecen las marcas de «diseñadores» locales. Enfrente del local de Levi's está Bloomingdale's, una de las tiendas más caras de Nueva York. Allí también es posible encontrar jeans de Polo Ralph Lauren a menos de u$s 120 (acá, los mismos modelos, en las tiendas Polo se ofrecen hasta a $ 880).
Los «diseñadores» argumentan que ellos venden imagen; «si querés un jean barato, tenés de $ 100», dicen. Los estadounidenses también venden imagen y exclusividad; si se quiere ahorrar sólo hay que ir a Brooklyn o a Queens y pagar u$s 15 a u$s 25 por un vaquero sin marca. Esto -de nuevo- a pesar de menores costos, salarios, servicios, etc.
En indumentaria, entonces, y sin necesidad de recurrir a los outlets de las afueras de Nueva York o Miami, para los viajeros argentinos volvió el «deme dos», cortesía de los que «protegen» la industria nacional de la indumentaria.
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