ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

20 de febrero 2004 - 00:00

El mal uso y pillaje de fondos de deuda externa

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Pero en lo económico se decía que el general Urquiza y ganaderos bonaerenses necesitaban tropa para abastecerla desde sus campos ganaderos. Quizá lo más importante -si observamos a quienes dudan del «fin político» invocado para tal guerra- es evidente que hubo pingües negocios particulares.

A Brasil para la pelea con Paraguay el banco inglés Rotschild le acercó un crédito de 6 millones de libras esterlinas al comienzo del conflicto, en 1865, y luego le agregó otros 3 millones de libras. También le entregó Londres, casi al final del conflicto, 3 millones de libras esterlinas a Uruguay. En la Argentina estuvieron los préstamos extras de Baring Brothers (que se terminaron de pagar en 1874 independientemente del viejo y defaulteado empréstito de la misma casa de 1824 que había autorizado Bernardino Rivadavia). Pero aquí también aportó e hizo gran negocio con financiar buena parte de la guerra el Banco Provincia de Buenos Aires, que era el banco de los ganaderos bonaerenses, quienes además con Urquiza alimentaron las tropas durante 6 años con no menores ganancias.

Un inglés radicado en la Argentina, Thomas Armstrong, donaba 50.000 pesos oro por año que durara la guerra con Paraguay por lo que ganaba.

Si tenemos en cuenta que el empréstito Baring Brothers original de 1824 se usó para financiar la guerra con Brasil y todos los aportes de deuda externa desde 1865 -comenzaron antes- hasta 1871 los insumió la guerra con Paraguay, convengamos que se hizo mala inversión de fondos de deuda externa. Aparte, aunque las guerras movilizan la economía en cualquier época u orientan al mejor desarrollo de una nación los cuantiosos fondos que insumen. Aparte, se usaron para ahogar rebeliones caudillejas internas del país.

Inglaterra siempre aportó crédito, le convenía dar empréstitos para puertos, ferrocarriles y hasta para que se pelearan los sudamericanos entre sí. Es comprensible si recordamos la famosa sentencia de Cobden: «Inglaterra será la fábrica del mundo y Latinoamérica su granja». Lástima que las «granjas» ocupan poca mano de obra -menos todavía ahora con la tecnología moderna en máquinas- y las «fábricas», en cambio, dan muchos puestos de trabajo a la gente. Es lo que deben observar los gobernantes como enseñanza de la historia. Hoy al depender tanto del buen aprovisionamiento de divisas desde el exterior -sobre todo vía China por la soja- nos estamos volviendo a convertir en «país agroexportador» como en los años desde 1890 en adelante, sin desarrollar industrias plenas y competitivas internacionalmente capaces de vivir sin protecciones exageradas en aranceles o tipo de cambio. Hasta Brasil en el Mercosur aspira con la Argentina al sueño de Cobden.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias