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La jornada tuvo la clásica plétora de malas noticias, la bajada de pulgar de la gente de Morgan Stanley al sector automotor, advertencias de caídas en ganancias (Genzyme), temores de nuevos ataques terroristas, etc., a los que se sumó un déficit comercial récord durante el mes de abril, superando todos los cálculos. Pero lo cierto es que fue la desconfianza de los inversores en el futuro, lo que verdaderamente golpeó al mercado. Como tantas veces, por más dura que haya sido lo de ayer, es simplemente historia. En horas tenemos una nueva rueda que, aun sin datos macroeconómicos de relevancia, promete una actividad frenética, fruto de lo que es una jornada de triple embrujo (vence futuros sobre índices acciones y opciones). Si lo de ayer resultó durísimo para algunos, lo de hoy puede serlo aun más. Confiemos en que no sea así.