1 de abril 2002 - 00:00

El nuevo plan está listo pero Duhalde duda

Son pocas medidas y ninguna como solución de fondo. La "reforma" a la ley de "subversión económica" parece una humorada del Congreso por cómo se busca encararla. Los legisladores quieren convencer a Duhalde de que la Argentina dejó de tener el régimen "presidencial" que marca la Constitución y pasó al "parlamentario" con un "primer ministro" designado al que se lo denomina "el presidente". Políticos continúan jugando en un país en crisis. Seguimos siendo poco serios para merecer ayuda externa.

No ha variado el concepto clave: sin reducción del gasto estatal y sin reformas estructurales no despuntará nunca una futura Argentina solvente, con desarrollo sostenido.

Puede haber «picos de bonanza», como después de la Segunda Guerra Mundial por divisas acumuladas por gran demanda de alimentos durante el conflicto. Las repartió generosamente el presidente Juan Perón sin sentar las bases de una riqueza futura cuando se agotara el reparto. Otro pico en los '60 fue con el presidente Arturo Frondizi, cuando se extrae en serio petróleo y se instalaron, por ejemplo, 23 fábricas automotrices en el país por la potencia que parecía tener.

Frondizi trató de encaminar el país pero lo venció la ceguera de aquellos militares y un voto tonto adverso de los mismos argentinos en pleno esplendor, reverdeciendo su placer por autoflagelarse.

Después vinieron los radicales -que anularon los contratos petroleros- y provocaron más miseria. El país tiene un «piquito» breve de prosperidad durante el ministerio de Adalbert Krieger Vassena con otro gobierno militar. Luego la anterior orfandad económica hasta la «plata dulce» del ministro Martínez de Hoz. «Dulce», ficticia, sin base sólida y, además, sangrienta en otro gobierno militar que desaprovechó 7 años de tiranía sin encauzar a la Argentina como, cuando menos, hizo la tiranía de Pinochet en Chile o la de los militares brasileños desde 1964.

Otra zona histórica desierta hasta que llegan 8 de los 10 años de Carlos Menem con la convertibilidad pero olvidándose de aprovechar el buen momento para reducir el déficit estatal (lo duplicó), aun cuando sacó del Estado el lastre de las deficitarias empresas públicas, entes de producción propicios al destrozo en manos de argentinos.

Ahora de nuevo estamos en el piso y sin saber hasta cuándo porque ya no hay nada valioso del Estado que vender para un nuevo «pico de bonanza».

Quedaría a la Argentina volverse «país en serio», pero eso requiere reformas estructurales drásticas en lo político, en lo sindical y cirugía mayor en el gasto público. Nadie cree que esto lo pueda hacer Eduardo Duhalde, un político populista que no puede cambiar su trayectoria de siempre a los 56 años.

Economía, en estos días feriados, ha hecho un plan -quizá podría decirse «plancito» o «miniplán»- de Semana Santa. Pero Duhalde duda. Sólo le atrae, en la parte económica, que las retenciones que le proponen aumentar no las coparticipa con las provincias porque -hábil su ministro Remes Lenicov- las dispuso después del acuerdo firmado. Si baja el IVA que coparticipa le importa menos (la recaudación este mes caería 11%, elevada pero menos de lo esperado por sucesivos «impuestazos» y retenciones).

Al Presidente lo único que en realidad le atrae es anunciar un «plan social» para lo cual se reserva el viernes próximo. Es necesario pero debería ser meditado para no crear falsas expectativas, apolítico y no una preocupación casi única del primer magistrado porque si no, dedica su tiempo de decisiones a las otras, las que encaminarían la economía, no tendrá con qué financiarlo, salvo emisión que lleva a hiperinflación seguro. Procura nivelar el déficit del Estado sólo aumentando impuestos y retenciones, sin afrontar la reducción del gasto público y extrae más fondos del sector privado que es el único que puede crear riqueza y generar empleos. Si les sacan más dinero a los privados habrá más cierres y quiebras de comercios y empresas, más suspensión de trabajadores. Día a día, en una espiral trágica, habrá más desocupados a quienes darles asistencia y menos privados a quienes aplicarles impuestos para pagar esos planes.

«Miniplan» porque en un país normal una ley como la de «subversión económica» no puede estar en su jurisprudencia y ahora sólo se propone «reformarla».

Se buscaría no dejarla tan al alcance de los jueces peligrosos argentinos, tan propensos a ataques de «broncismo» (aspiración a ganarse un busto) y fama. Por ejemplo, se conoce de un diputado que propone mantenerla, pero variar la forma de aplicarla que pasaría a las «comisiones especiales del Congreso». Sería otra aberración que no sorprende si nuestros legisladores quieren juzgar a la Corte Suprema
por sus fallos.

• Nuevas penas

Dentro de esta línea le agregarían nuevas «penas» a la ley, por caso sería «subversión económica» el «desabastecimiento» (de alimentos a comercios o de divisas para nivelarle en el mercado la cotización del dólar al gobierno de turno).

De paso digamos que se ha propuesto otra «comisión del Congreso», que reemplace a funcionarios del Poder Ejecutivo, para tratar las tarifas públicas. La presidiría otro famoso populista, el radical Jesús Rodríguez. Fue el ministro de Economía de Raúl Alfonsín en la hiperinflación de 1989 y famoso por repartir «planes trabajar» entre fracciones radicales universitarias para ganar las elecciones de los centros de estudio (hecho denunciado pero jamás juzgado).

Ni pensar qué harán nuestros legisladores con otra de sus «reformas» para convencer al Fondo Monetario como la que operarán sobre la burda «ley Clarín» o Ley de Quiebras si ya trascienden los desquicios que quieren hacer con la de «subversión económica».

• Definición

Hay algo grave -por si le faltara algo a la Argentina en esta crisis-: los legisladores que designaron a Eduardo Duhalde lo quieren convencer -y algo han logrado ya, trascendió- de que la Argentina pasó de un régimen presidencial, que marca su Constitución, a un «régimen parlamentario» donde llamamos «presidente», al «primer ministro» que hoy sería Duhalde. Eso en medio de un Congreso dominado por los mismos políticos que provocaron el déficit y el actual default, con el agravante de que también son los mismos que llevaron a la Argentina a la hiperinflación de 1989 y cuya proliferación es un altísimo costo que rechaza la sociedad argentina.

Por eso estamos un poco mejor encaminados en medidas pero sólo para ver si logramos ablandar un poco al Fondo Monetario que tanto necesitamos. ¿Bastará para que nos ayuden, aun enviando a Chiche Duhalde a una insólita «misión humanitaria» a Washington?

Sonamos a falsos, a travestis en el manejo económico. Con este «miniplan» que estamos elaborando en estos días, con muchas falsedades, politizado y rodeado de acechanzas, mañana se iniciará una semana donde algo tendrá que definirse. Es de esperar que no sea sólo extraerles más y más fondos a los privados para un Estado, necesario sí, pero hoy tan elefantiásico como improductivo y demagógico.

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