24 de enero 2003 - 00:00

El oro vuelve a atraer a los ahorristas (sube 5% este mes)

Este podría ser el año del oro. Al menos ése es el vaticinio de sus adoradores de alrededor del globo, quienes embolsaron suculentos beneficios en los últimos días. Ayer llegó a 364,75 dólares por onza. Subió casi 5% en dólares a lo largo de enero, y 15% desde fin de noviembre. Pero más allá de esta escalada de precios, existen razones para especular con la posibilidad de que los rendimientos se burlarían de los vaticinios de Lenin, quien llegó a pronosticar que el oro sólo serviría para decorar los baños públicos.

Es cierto: el valor de la onza troy (medida de peso anglosajona, usual en este mercado, equivalente a 31,1034807 gramos) estuvo aletargada en los últimos años. El desinterés de los inversores la empujó a 255 dólares en junio de 1999: nada, con relación con los 850 dólares de 1980, cuando estalló la segunda crisis del petróleo en Irán. Superada aquella tensión, en los dos años subsiguientes bajó a 300 dólares. Desde entonces, en sólo una oportunidad tuvo un importante tirón alcista (entre 1985 y 1988) hasta rozar los 500 dólares.

• Decadencia

Pero después, inició un largo período de decadencia, con picos que nunca superaron los 420 dólares (enero de 1996). Los analistas creen que, en estos días, confluyen demasiados factores que apuntan al alza. Demasiados, para evitar que los inversores se hagan los distraídos frente al brillo del oro cada vez que surjan renovadas preocupaciones por el petróleo, ante una posible guerra en Medio Oriente y frente a cualquier acontecimiento que socave el poder del petróleo venezolano:

• Falta de grandes vendedores: no existe a la vista un megaoferente, como ocurrió en los años '80, cuando la URSS aprovechó el boom de precios al inundar el mercado (con cuentagotas) con sus 70.000 toneladas de su oro. Los 15 bancos centrales de la Unión Europea y el Banco Nacional de Suiza tienen un acuerdo para no vender su oro hasta el 26 de setiembre de 2004. Además, la depresión de precios de los últimos años obligó a cerrar o a fusionarse a muchas minas en todo el mundo (se espera una merma de la producción de 13% para este año), por lo que resulta improbable un rápido aumento de la producción.

• Menores opciones para el inversor: por distintas razones, y luego de cinco años de un rally alcista, desde mediados de 2000 todas las Bolsas vienen corrigiendo sus precios hacia abajo. No existen razones en el horizonte para esperar un cambio de tendencia y, por el contrario, de persistir la inestabilidad podrían profundizarse las bajas. Por otra parte, los rindes de las tasas de interés internacionales están por el piso, y los bancos centrales de los países más desarrollados están hablando de deflación.

Viejo mito

• Estudios de correlaciones. Hay un viejo «mito». Numerosos estudios econométricos concluyen que existe una correlación inversa entre el precio del dólar y del oro. Ellos intentaron explicar, en buena medida, la debilidad del oro, mientras que el mundo hablaba del «superdólar». Pero ahora existe una opinión generalizada de que el dólar está sobrevaluado frente a las principales divisas y, si la correlación funciona, el oro debería subir todavía más.

• Talismán protector. Desde que el mundo es mundo, el oro fue tradicionalmente el talismán protector usado por los inversores frente a las tensiones internacionales. Y en estos días hay demasiados frentes abiertos: las huelgas en Venezuela, el irresuelto conflicto entre Pakistán e India, la previsible intervención de los EE.UU. en Irak, que sería más complicado cuanto más se prolongue el conflicto bélico. En síntesis, es como si todos los caminos condujeran a Roma (mejor dicho, al oro), cuando los inversores anticipan tiempos peores.

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