El punto más importante ha vuelto a ser, no los precios, sino el escaso volumen (escaso aun considerando que estamos en pleno verano). Alguien podría decir que el temor a los ataques terroristas tiene mucho que ver con el paso al costado de los inversores, pero en la medida en que el alerta se va convirtiendo en una cuestión más eleccionaria que militar (la principal fuente para declarar el alerta sería un terrorista capturado en Pakistán) es menor la atención que le prestan los inversores a esto y así los escasos 1.340 millones de papeles operados en el NYSE y los menos de 1.500 millones del NASDAQ cobran importancia. Tradicionalmente diríamos que una baja de 0,58% como la que tuvo el Promedio Industrial cerrando en 10.120,24 puntos, o 1,73% que cedió el NASDAQ, con una operatoria tan pobre y luego de cinco subas consecutivas, es irrelevante, pero con el nuevo récord que marcó el precio del petróleo no podemos. Si los inversores estaban atemorizados por lo que se venía viendo en el frente petrolero, el anuncio que la OPEC no puede producir más de lo que está produciendo hoy, no hizo otra cosa que lanzarlos a refugiarse donde pudieran. Es que en blanco y negro lo que significa este anuncio es que a la menor disrupción del suministro, los precios pueden salir disparados y esto ha llevado a que algunos comiencen a hablar de u$s 50 por barril (con lo cual el barril a u$s 44,15 como ayer parece barato). Si consideramos además que los datos sobre el ingreso y el gasto personal estuvieron muy por debajo de lo esperado, y los datos sobre la situación laboral empeoraron significativamente, casi diríamos que, de no ser por el volumen, fue buena rueda.
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