Las impactantes imágenes tridimensionales de la versión de «Superman regresa» para
cines IMAX revelan también las posibilidades de estas salas equipadas con alta tecnología
y generalmente desperdiciadas en documentales soporíferos.
Además de su estreno en cines comunes, «Superman regresa» se puede ver en Buenos Aires en IMAX 3D en una sala especial que es la segunda en Latinoamérica después de la versión inferior que se inauguró en Guayaquil, Ecuador, en 2000.
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Durante décadas, a nadie se le ocurrió hacer una película sobre un comic, ni siquiera sobre el superhéroe prototípico de historieta, Superman, redituable en los legendarios cartoons de los hermanos Fleischer, o en la primitiva serie de TV en blanco y negro. Debió pasar mucho tiempo para que Clark Kent y su alter ego pudieran convertirse en material digno de una auténtica superproducción hollywoodense. El visionario Richard Donner, apoyado en el éxito sin precedentes de «La Profecía», fue el audaz director que se atrevió a convertir una historieta demodé en la superproducción top de su época.
Buscando una nueva percepción de un viejo superhéroe, Donner no sólo contrató a figuras como Marlon Brando y Gene Hackman. También recurrió a los més modernos efectos especiales de entonces y a sistemas de sonido vanguardistas como el Dolby Stereo Surround. Una escena con Superman volando sobre los rascacielos de Metropolis incluía efectos de sonido hiperrealistas, sólo comparables a los de un film como «Apocalypse Now» de Francis Coppola.
Un cuarto de siglo después, el director de «Los sospechosos de siempre» y la saga de los «X Men», Bryan Singer, volvió a apelar a la técnica para diferenciar este comic filmado de los demás. No teniendo muchas posibilidades técnicas del siglo XXI, más atentas a formatos y fenómenos piratas para monitores de PC, y sin mucho que aportar a la pantalla grande, el director de «Superman Regresa» logró presionar a la industria para aportar algo extra: una versión para cines IMAX. Esto es, 20 minutos de escenas 3D pensadas como un elemento esencial del film diseñados por el mismísimo « auteur» (no hay que olvidar que el director de estos millonarios comics de celuloide surgió a la fama gracias al policial vanguardista que fue «Los Sospechosos de siempre»).
Los cines IMAX suelen ser vistos como misteriosos complejos high tech dispersados en capitales de todo el mundo, con cualidades técnicas menos entendibles que sus dimensiones arquitectónicas. Esta percepción injusta es culpa de un catálogo de films de mediometraje soporíferos con imágenes documentales o de animación digital que interesan poco y nada, salvo como excusa para ver una proyección de alta tecnología en una sala cinematográfica ultramoderna.
Está claro que este nuevo «Superman», con escenas de acción impactantes mezcladas con discutibles conflictos dialogados, es un hito en los formatos especiales en pantalla ancha e imágenes en relieve tridimensional estereoscópicas. Seguramente a contrapelo de las opiniones de productores y ejecutivos de todos los estudios involucrados, el director de este nuevo «Superman» se salió con la suya al darle un sentido especial al film en cuatro secuencias (en rigor, tres y un bonus) con el mejor cine 3D visto hasta el momento.
La calidad de estas imágenes tridimensionales se nota especialmente en escenas realistas, o planos detalles que dejan ver el verdadero trabajo artesanal de su director. La presencia de un autor queda clara en cada toma de la primera e inesperada secuencia en 3D, que obviamente no se aprecia del mismo modo vista en la versión ordinaria.
El cine IMAX de nuestras pampas ofrece una buena oportunidad para que el público aprecie cuánto mejor sería la película si tuviera más escenas de acción en 3D y menos diálogos, como mínimo, poco dinámicos. Por otra parte, tal vez ahora sí se puede esperar que este buen trabajo de Bryan Singer genere versiones alternativas para IMAX más interesantes que los documentales de peces de colores que atentan contra la masividad de este posible cine del futuro.
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