En algún momento, el mercado financiero se ha de desenganchar de los vaivenes que le impone el precio del petróleo. Mientras tanto, parece que en estos días todo depende del frente energético. "Parece" porque si tuviéramos noticias de cualquier otro frente capaz de entusiasmar a los inversores, seguramente el panorama sería otro. Pero vamos por partes y cada quien saque sus conclusiones. Poco antes de la apertura, las operaciones de futuro marcaban una apertura alcista para los tres grandes indicadores accionarios. En el caso del NASDAQ y del S&P 500 esto se dio, pero media hora más tarde se caía al lado perdedor. Si tenemos en cuenta que por ese entonces se conoció que el gobierno ruso había revertido la decisión judicial de la víspera que permitía a Yukos comenzar a operar sus propias cuentas bancarias, se entiende el desbarranque vivido hasta mediodía. Más difícil de asir es lo que ocurrió después. Mientras el crudo trepaba de poco menos de u$s 44 a un nuevo máximo histórico de u$s 44,5 por barril, las acciones se mantenían estables y cuando comenzó a retroceder en la última media hora de operaciones (el mercado petrolero cierra una hora antes que el bursátil), las acciones comenzaron una nueva "pata" bajista que las llevó a que para cuando sonaba la tradicional campana del NYSE, el Promedio Industrial quedara en 9.963,03 puntos, mostrando un retroceso de 1,61% y que el NASDAQ se derrumbara 1,8%. ¿Qué entró a pesar sobre el ánimo de los inversores en estos 90 minutos finales? Puede ser que haya sido una cuestión técnica, pero el incremento de rumores sobre los números del empleo hablan de otra cosa. Cuidado.
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