9 de agosto 2004 - 00:00

Empresas llevan administración a Chile y fábricas para agro optan actuar en Brasil

Para Alejandro Reynal, la propuesta actual del gobierno a los acreedores tendría un nivel de aceptación de 30%.
Para Alejandro Reynal, la propuesta actual del gobierno a los acreedores tendría un nivel de aceptación de 30%.
"Los empresarios extranjeros invierten en Brasil, Chile o México. Ni se les ocurre mirar a la Argentina, tanto por la inseguridad económica como por la personal.» Así lo aseveró el presidente de MBA Banco de Inversión, Alejandro Reynal, quien sostuvo que, «por los hechos de violencia, muchas empresas están trasladando sus oficinas regionales de Buenos Aires a Santiago de Chile».

Quien fue vicepresidente del Banco Central a principios de los '80 (actuó en los famosos cierres del BIR, Banco de los Andes y Banco Oddone, entre otros) aseguró que es esencial para la Argentina salir del default: «Cada día que se pierde tiene un costo fenomenal para la Argentina en términos de confianza». Y aconsejó al gobierno utilizar «una fracción de las reservas» para mejorar la oferta que, tal como fue presentada, «no conseguirá más de 30% de aceptación». Estos son los principales pasajes del diálogo con Reynal con Ambito Financiero:

Periodista:
¿Cree que la Argentina va a seguir creciendo o el período de recuperación ya pasó?

Alejandro Reynal: No fue nada sorprendente el crecimiento que hubo en 2003 y en lo que va de 2004, ya que el rebote era casi obligado, tras una caída superior a 20 puntos del PBI y una brutal salida de capitales. Nos guste o no, la Argentina depende fundamentalmente del nivel de ingreso o salida de capitales para crecer. Para fin de año, podríamos estar en niveles de crecimiento sustancialmente más bajos, entre 1% y 2%. Ya hay varios sectores que presentan un amesetamiento porque no hay inversiones.


P.:
¿Cómo incidió la salida del 1 a 1 en la mejora de la economía?

A.R.: Quienes aseguran que la devaluación devolvió la posibilidad competitiva a la Argentina no tienen idea de lo hablan. Cuando uno ve la de deuda externa que había hacia fin de 2001 y la que tenemos hoy, junto con los capitales y la riqueza que perdimos en los últimos dos años, es imposible alegrarse. La devaluación se hizo con los pies, de la peor manera y todavía estamos pagando un alto precio.


P.:
¿Cuál es hoy la mayor preocupación que ve entre los hombres de negocios?

A.R.: Lo que preocupa es la inseguridad económica. La otra ya está todos los días en los diarios. Preocupa la
falta de confianza que se refleja en la tasa de interés. Mientras en todo el mundo la tasa de interés está en un dígito bajo, en la Argentina sigue en dos dígitos, como ocurre con el rendimiento de los bonos posdefault.


P.:
Sin embargo, la tasa de los bancos está a 3% anual.

A.R.: No, esa tasa mínima se paga porque no hay actividad económica dispuesta a tomar créditos con un volumen suficiente como para crear una demanda de créditos razonable. Después de todo lo que pasó durante la crisis, las empresas están impedidas de tomar créditos o están desinteresadas porque no ven posibilidad de crecimiento. Falta confianza.


P.:
¿Qué pasará si no se vuelvea ganar la confianza de los inversores?

A.R.: Será muy difícil revertir este proceso de desconfianza. Y es preocupante cuando vemos que el gobierno está demorando negociaciones que no parecen tener ningún costo. Yo les digo que el precio que se paga es fenomenal. Cada día que no se acuerda la reestructuración de la deuda externa le cuesta a la Argentina mucho en términos de crecimiento, que en última instancia se traduce en mayor pobreza.


P.:
¿Qué consejo le darían al gobierno sobre la reestructuración de la deuda externa?

A.R.: En este momento, hablar en contra de la forma en que se está negociando la deuda es convertirse en un antipatriota. La Argentina se ha perjudicado por demorar dos años la negociación porque pudo haber renegociado a tasas que ya nadie se anima a comprometer. Además, porque estamos sentados arriba de 18.000 millones de dólares de reservas. Si hubiéramos decidido en algún momento destinar una fracción de eso a mostrar buena fe, a pagar parcialmente los intereses acumulados, eso hubiera destrabado muchísimo las negociaciones. Veo difícil que la propuesta, tal como está, tenga un nivel de aceptación superior a 30%.


• Petróleo

P.: ¿Qué opina del aumento de las retenciones a las exportaciones de petróleo?

A.R.: Tomo con pinzas que un funcionario quiera fijarle los precios a la economía. Ni los premios Nobel lo pueden hacer, pero acá hay subsecretarios que salen a decir que la carne tiene que valer tanto, la nafta tiene que valer tanto. Ya hemos pasado por una situación similar y ha sido desastrosa. En el mundo cada vez hay menos gente que cree que el control de precios o la decisión arbitraria de lo que tiene que subir o bajar hacen bien a la economía. Yo me preocupo porque nuestros funcionarios, que no tienen la capacitación adecuada y claramente no pueden tomar algunas decisiones, creen que sí la tienen.

P.: Como banquero, tiene relación permanente con hombres de negocios del exterior. ¿Existe clima para que vuelvan las inversiones extranjeras?

A.R.: Me gustaría saber cuántas casas matrices autorizarían, por ejemplo, a realizar una nueva inversión en un gasoducto para luego someterse al riesgo de que algún señor del gobierno diga que le gusta el caño y, a partir de mañana, ya no es de la empresa, sino que es del Estado. La estatización es hoy un riesgo real en la Argentina. Las inversiones dependen no sólo de que los precios empiecen a dar señales adecuadas, sino también de todo un esquema jurídico político adecuado.


P.:
¿Cuál es la actitud de los empresarios extranjeros cuando observan determinados hechos de violencia en la Argentina?

A.R.: Viajo mucho para ver a los hombres de negocios en el exterior, porque la verdad es que ya nadie quiere venir para acá. En los '90 no se necesitaba viajar porque venían todos. Hay cada vez más casos de gente que está pasando su gerencia de operaciones del Cono Sur a Santiago de Chile. Esto no ocurrió nunca. El debate era San Pablo o Buenos Aires. Existe temor por los piqueteros, los secuestros, porque las aerolíneas no puedan salir si no pagamos la deuda. Es obvio que Buenos Aires tiene un clima mucho menos benigno que Santiago de Chile.

P.: ¿Cómo se revierte la visión de esos inversores?

A.R.: Hay que ordenar lo que no se quiere ordenar, hay que restablecer las reglas que permitieron a la Argentina incluirse en el mundo, una postura que perdimos. Bajarse del colectivo del mundo y utilizar nuestro propio auto no es negocio.


P.:
¿Cree que podremos recuperar inversiones del exterior?

A.R.: Los empresarios no tienen la obligación de trabajar con la Argentina. Los hombres de negocios van a los países que andan bien. Si miran para Latinoamérica, piensan en México, Brasil y Chile.

Entrevista de Florencia Lendoiro y Pablo Wende

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