17 de junio 2004 - 00:00

"Es fácil crecer a 10% después de un derrumbe"

«La Argentina es el adicto y el FMI, la morfina.» Con una fuerte crítica hacia lo realizado por los organismos internacionales, James Dorn, vicepresidente de Asuntos Académicos de CATO Institute, presentó en FIEL su último estudio: «Crisis financieras internacionales - ¿Qué rol le corresponde al gobierno?». Con la cooperación a nivel local de Ricardo López Murphy, Daniel Artana y Fernando Navajas, todos economistas del think tank del ex candidato a presidente de la Nación, este libro recopila los últimos estudios realizados respecto del efecto de la crisis argentina por economistas y académicos internacionales, como Allan Meltzer, Charles Calomiris, Steve Hanke, Jeffrey Sachs y John Taylor, entre otros.

En un diálogo con Ambito Financiero en las oficinas de FIEL, Dorn repasó los nuevos desafíos a partir de la debacle del país.

Periodista:
¿Cuáles fueron las principales lecciones que dejó la crisis argentina?

James Dorn: Creo que la lección principal es que el desarrollo sustentable no depende del endeudamiento, sino que reside principalmente en instituciones sólidas, incluyendo el imperio de la ley y un accionar limitado del gobierno. En particular, un Estado respetando los límites de la propiedad privada, la firma de contratos libres e implementando políticas fiscales y monetarias de manera responsable. La Argentina tuvo una política monetaria creíble cuando no tuvo política monetaria. Durante la Ley de Convertibilidad, la política monetaria local era una extensión de las decisiones de la Reserva Federal. Pero creo que muchas personas desestimaron el costado fiscal de lo sucedido. Y ésta es una de las claves a tener en cuenta ahora que la convertibilidad fue abandonada. Si no se puede controlar el gasto público, la economía puede mostrar debilidades, aunque el PBI siga creciendo. Entre 1991 y 2001, mientras que el PBI creció 57%, el gasto público se incrementó 106%. Entonces tuvimos una década donde el gasto del Estado duplicó el crecimiento de la economía. Eso obligatoriamente daña la política monetaria.


P.:
¿Como sería entonces una política fiscal adecuada?

J.D.: No sólo significa equilibrio en las cuentas públicas. Uno puede balancear su presupuesto a cualquier nivel de gasto, simplemente aumentando impuestos. Lo que se necesita es una reforma impositiva que aligere la carga impositiva, de forma tal que los individuos tengan incentivos a ahorrar, invertir y trabajar, y desalentar la economía informal. Del lado del gasto, éste no debe aumentar a ritmos mayores que lo que crezca el PBI. El gasto público es una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento de la economía. Lo que es necesario y suficiente para el desarrollo es el respeto de los derechos de propiedad, una apertura a los mercados internacionales y ser competitivos internacionalmente. El sistema bancario también es fundamental. Los problemas de la pesificación asimétrica siguen vigentes. Si uno mira el activo de los bancos tenedores de bonos argentinos, la solidez de estos bonos es cuestionada respecto del futuro, por lo que estas entidades serían insolventes de acuerdo con los estándares internacionales
.

P.:
¿Y respecto a la relación con los organismos de crédito internacionales?

J.D.: Una de las principales enseñanzas de esta crisis es que el gobierno argentino debería romper la tarjeta de crédito del FMI. La gran parte de los movimientos de capital en el mundo son privados. No tiene nada de malo endeudarse. Pero si se cuenta con prestamistas privados y con fondos destinados a inversiones privadas, en el marco del mercado, el crecimiento será mucho más sano. La crisis de deuda externa es consecuencia, en principio, del exceso de gasto por parte de los gobiernos provinciales, que fueron compensadas por el gobierno federal yendo a buscar los dólares a los mercados internacionales, comprometiendo los recursos fiscales futuros. Utilizar esos fondos para el sector público expulsó inversión privada.

Cuando el FMI entró en vigencia tras el acuerdo de Bretton Woods, el mercado de capitales era muy pequeño, y el mundo estaba dominado por un esquema de tipo de cambio fijo, ajustable en casos de crisis de liquidez, donde el organismo daba a disposición fondos temporarios. En el período 1947-1999, durante 33 años la Argentina recayó en préstamos del FMI, por lo que es un mito decir que estas facilidades eran temporarias. Lo que sucede es que el organismo tiene Estado-clientes, y los provee de créditos de largo plazo, sin preocuparse por las reformas de fondo necesarias para ese tipo de desembolsos. La Argentina se convirtió en un adicto a la deuda, y el FMI era la morfina.

• Diferencia

P.: ¿Y teniendo en cuenta la actual situación de Brasil, usted cree que este país debe evitar cualquier tipo de recomendación que provenga del Fondo?

J.D.: El caso de Brasil es diferente. Está bajo un esquema de tipo de cambio flotante desde hace más tiempo, pero Brasil es también uno de los Estado-clientes del organismo. Si actúa inteligentemente, como lo está haciendo Rusia ahora, no van a estar acudiendo al FMI en el caso que necesiten renovar deuda. Van a intentar asegurar el crecimiento de la economía, y sobre esta base, esperar la llegada de capitales privados. China también presenta un escenario similar. Hoy en día es el principal receptor de inversiones privadas del mundo. Estamos pasando de un modelo de desarrollo basado en el endeudamiento a un modelo basado en activos, que sería la mejor opción para el futuro de la Argentina.


P.:
¿Y hay posibilidad de acuerdo entre la Argentina y sus acreedores?

J.D.: Lo mejor de la propuesta presentada por la Argentina es el bono atado al crecimiento. Los acreedores deberían quitar presiones para cobrar hoy, darle tiempo al país para implementar las reformas y asegurarse el crecimiento sostenido, y beneficiarse de este bonus por la evolución de la economía.


P.:
¿Invertiría usted hoy en la Argentina?

J.D.: No hay lugar a dudas de que el país tiene un gran potencial. Si son llevadas adelante las reformas necesarias, y si logran crecer a 5% los próximos dos años, el país será atractivo para los inversores. Es fácil crecer a 10% después de un derrumbe como el que sufrió. Pero hay que conseguir que las reglas de juego sean consistentes y aliadas a la libertad económica.

Dejá tu comentario

Te puede interesar