Están inmovilizados 7.000 millones de dólares en viejos títulos argentinos de la deuda por una medida cautelar en Nueva York, lo que representa 12% del 76,15% obtenido en el canje de la deuda el 25 de febrero último. Si el juez Thomas Griesa interpreta que esos títulos pertenecen a la Argentina (provienen de los bonistas que aceptaron la oferta), el gobierno tendrá que pagar sin quita los 365 millones de dólares reclamados por el fondo buitre Elliot a valor nominal y se le sumarían otros demandantes que le exigirían pagar a 100% de su valor los 20.000 o 24.000 millones de dólares que no entraron en el canje. Además, los que entraron y aceptaron la quita de 65%-70% podrán exigir «igualdad con la mejor oferta», con lo cual también se derrumba el canje y se pierden los escasos 20.000 a 22.000 millones de dólares ahorrados al país por la gestión Roberto Lavagna-Guillermo Nielsen. Nominalmente se ahorraron 65.000 millones de dólares, pero ya está visto que bajarían a 41.000 millones si los que no entraron al canje tienen tanto poder como el demostrado ante el juez Griesa. Además, por alargar tres años una gestión que ahora puede volverse cero en resultados, la Argentina perdió por estar tanto en default unos 15.000 millones de dólares de inversión extranjera calculados sobre la base de lo que consiguieron otros países latinoamericanos. Finalmente, para llegar a la estimación de un ahorro real por el canje a bonistas de 20.000 a 22.000 millones de dólares hay que restarles alrededor de 5.000 millones de dólares que el país tuvo que cancelarle al Fondo Monetario al contado por vencimientos que hubieran sido renovados -a la tasa más baja del mundo- si hubiera habido una decisión rápida de salir del default. Desde el presidente Néstor Kirchner hasta el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y sus asesores en la gestión de la deuda, comenzando por el nombrado Nielsen, perderán si mañana el juez neoyorquino transforma la cautelar por los 7.000 millones de dólares en retención efectiva en sentencia firme para el fondo buitre. Como contrapartida, entre los financistas argentinos subió a un imprevisto primer plano una figura muy joven, de corta trayectoria en el gobierno presidiendo el Banco Central: Alfonso Prat-Gay, quien en enero de 2004 advirtió por primera vez, sobre la base de informaciones propias del Central desconocidas por el Ministerio de Economía y no tomadas en cuenta por la Casa Rosada, que más de 15% de la deuda argentina estaba en manos de fondos buitre. Lo hizo como una advertencia de lo que ahora, precisamente, sucede y de lo riesgoso de alargar una oferta de canje o hacerla en términos excesivamente bajos. Por iniciativa del ministro Lavagna, el presidente Néstor Kirchner echó a Alfonso Prat-Gay, que era una de las figuras de gestión más destacada. No sólo fue desacertada la resolución, sino que Lavagna, además, atemorizó al Banco Central al imponérsele y ahora la institución rectora de la moneda no puede actuar para frenar la inflación.
Ambito Financiero anticipó el pasado miércoles 23 la complicación que sobrevendría sobre el cierre de la reestructuración de la deuda.
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Desde el primer día dijimos que la gran novedad era que esos «fondos» querían los títulos defaulteados argentinos que habían ingresado al canje por considerarlos ya activos del país. Por lo tanto, no pudo haber «sorpresa» entre los funcionarios argentinos ante la decisión del jueves pasado cuando ya había salido hasta en los diarios lo que sebrevendría al país.
Si el ministro Lavagna decidió seguir con su Semana Santa en las bellezas de Jujuy será por sus creencias religiosas, tal vez sumadas a la necesidad de un descanso que puede tenerlo merecido. Pero a nadie debió «sorprender» la decisión, como pretendió disimular la prensa oficialista. ¿Para qué disimular un mal que ya está? «La Nación» dio el domingo la noticia que
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