Destacaron al modelo peruano como alternativa para un régimen permanente. Argumentan que con su régimen bimonetario, flotación administrada y tasa de interés como ancla, permitió expandir el crédito en moneda local, reducir la volatilidad y ampliar el horizonte de decisiones económicas.
Las modificaciones al esquema de bandas cambiarias deben apuntar a un nuevo modelo monetario-cambiario, según la Fundación Mediterránea.
Este viernes 3 de enero entrará en vigencia el nuevo esquema de bandas, con el cual el Gobierno apuesta reducir la incertidumbre económica e impulsar la tan demorada acumulación de reservas. De todas maneras, desde Fundación Mediterránea afirmaron que el régimen monetario-cambiario "sigue siendo de transición" y que "subsisten limitaciones que deberían removerse en aras de lograr crecimiento sostenido". Por ese motivo, propusieron el modelo de "flotación sucia" de Perú como caso a imitar.
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El informe del think tank sostuvo que "las modificaciones al esquema de bandas cambiarias tienden a contribuir a dos objetivos relevantes de política económica, por un lado, generar condiciones para que el Banco Central pueda comprar dólares en el mercado; por el otro, comenzar a salir del estancamiento del nivel de actividad de los últimos dos trimestres, resignando la meta de una rápida desinflación".
Sin embargo, subrayaron que "más allá que puedan lograrse esos objetivos inmediatos", la modificación al esquema actual solo es transitorio, además de que persisten obstáculos para consolidar el crecimiento de la actividad.
El principal problema radica en la indexación del techo de la banda cambiaria según la inflación pasada, lo que complica "la configuración de la 'curva de tasas' y la extensión del plazo de las operaciones a tasa prefijada". Además, el esquema no contempla el levantamiento del cepo para personas jurídicas, un factor clave para dinamizar la inversión.
La opción peruana
"Esas dos limitaciones podrían comenzar a resolverse en caso de que se avance hacia un régimen bimonetario formalizado, al estilo del vigente en Perú", destacó el informe que lleva la firma del economista José Vasconcelos.
También se subrayó que "un régimen monetario-cambiario que pueda ser considerado permanente, y no de transición como el actual, es clave en la dimensión de las variables financieras, pero también en el plano de la economía real, por la ampliación del horizonte que conlleva".
Por ese motivo, remarcó "la conveniencia" de avanzar hacia un esquema similar al del país sudamericano, "dónde hay 'flotación administrada' del tipo de cambio y es la tasa de interés de política monetaria la que guía las expectativas de inflación".
El régimen monetario-cambiario "no sólo debe facilitar el funcionamiento transaccional de la economía, sino también ser base para canalizar crecientes volúmenes de ahorro e inversión, haciendo que el bimonetarismo sea funcional a ese objetivo, y no un problema a resolver".
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El bimonetarismo peruano contribuyó al fortalecimiento de la moneda local en detrimento del dólar.
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El bimonetarismo peruano
El economista de IERAL destacó que el crédito en moneda local en Perú pasó del equivalente a 5,9% del PBI en 1996 a 28,5% del PIB la actualmente, un recorrido opuesto al de los préstamos en moneda extranjera, que pasaron del 16,8 % al 8,9 % del PIB. "Vale decir, el bimonetarismo en Perú fue sinónimo de monetización en moneda local, no de dolarización. Algo que perfectamente podría lograrse en la Argentina", explicó.
Argumentó que "uno de los secretos del 'triunfo' del sol sobre el dólar en la operatoria del sistema financiero peruano reside en la convergencia entre las tasas de interés en moneda local y en moneda extranjera, un fenómeno asociado a la solvencia fiscal del país, una inflación que tiende a ser inferior a la de Estados Unidos y también por el diferente tratamiento de soles y dólares en la política de encajes".
Además, explicó que "el régimen de 'flotación sucia' del bimonetarismo peruano no tiene por objetivo cambiar la trayectoria del tipo de cambio real, sino simplemente morigerar sus oscilaciones", un mecanismo que, junto a una serie de políticas anticíclicas, "ha logrado neutralizar el impacto de choques externos y/o internos (de origen político) sobre el sector real".
Como consecuencia, "pese a las turbulencias políticas de los últimos años y a conservar cierto grado de dolarización, en Perú las tasas de interés están cada vez más asociadas al ciclo económico y cada vez menos a la volatilidad del tipo de cambio".
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