Periodista: Habla Jay Powell en el Congreso. Repite lo que dice siempre -que la economía se recupera, pero le falta; que la inflación es transitoria y bajará a 2%-. Se lo escucha sin pánico. Todavía no terminó su testimonio y el Nasdaq ya estableció un nuevo récord. ¿Punto final para la zozobra que nos dejó la reunión de la Fed de la semana pasada?
Gordon Gekko: En resumidas cuentas, sí. Aunque tenemos oradores de la Fed anotados para exponer toda la semana.
P.: Ninguno tan importante como Powell.
G.G.: Eso seguro. Pero a veces lo que más impresiona es lo que se dice y no quien lo dice. Es así cuando se sospecha que hay gato encerrado. James Bullard fue quien causó el revuelo máximo y no la reunión de la Fed.
P.: Se refiere al titular de la Fed de St. Louis.
G.G.: Correcto. Quien este año no tiene voto en las decisiones.
P.: Solamente opina.
G.G.: En efecto. Pero bastó que comentara que él ve una suba de tasas el año que viene para que la Bolsa se estremeciera.
P.: Powell no había sido tan explícito. Y de la documentación de la reunión no surgía la percepción de una actitud de política muy agresiva.
G.G.: Queda claro, a esta altura, que tampoco existe. Pero hubo que escucharlo de vuelta a Bullard y a Bob Kaplan, quienes hoy pasan por sendos halcones, para relajarse. Y también, un par de veces, a Powell; a la persona que maneja la mesa de operaciones, John Williams; a Loretta Mester y a Mary Daly para calibrar bien cuál es la postura de la Fed.
P.: ¿Hay un cambio?
G.G.: Sí. La visión anterior era de marzo, de cuando el pasaje del mega-paquete fiscal de Biden tenía la tinta fresca y tomaba vuelo la vacunación exprés. Dijimos entonces que las estimaciones de crecimiento y de inflación lucían modestas, y hasta pensamos que era adrede. Admitir que la economía iba a crecer fuerte y que la inflación se desviaría de la meta de 2% en una proporción significativa, y a la par sostener que no se iba a hacer nada, quizás no era muy elegante.
P.: La Fed ya corrigió sus proyecciones. 7% de crecimiento del PBI y 3,4% de inflación, ¿ahora le parecen realistas?
G.G.: El “techo” de su rango me parece mejor. 7,8% y 3,9%, respectivamente. Con una baja sensible en 2022 a 4,2% (o quizás algo menos) y 2,5%.
P.: Son números robustos, pero en línea con los que tiene el sector privado in pectore, y así es lógico que la Fed anticipe el derrotero que había pensado para las tasas de interés. Nada como para rasgarse las vestiduras.
G.G.: No. El famoso “mapa de puntos” sugiere, aplicando ciertos supuestos, que las tasas podrían comenzar a subir en el tercer trimestre de 2023. Y añade un segundo retoque en el cuarto trimestre. ¿Es esto particularmente traumático? Los mercados, antes de la reunión, ya apostaban por una suba en el primer trimestre de 2023.
P.: ¿Y por qué el brote de histeria?
G.G.: Ocurre que hay siete opiniones que alientan que el proceso arranque en 2022. Nada muy novedoso: eran cuatro en marzo. Pero ahí tallaron las declaraciones de Bullard. ¿Es acaso el portavoz del verdadero mensaje de la institución? ¿Se viene una guerra contra la inflación, a la vieja usanza?
P.: Lo cual se comprueba que no es así.
G.G.: De ahí la satisfacción cuando Powell repite el discurso de siempre.
P.: ¿Falsa alarma? ¿Un malentendido? ¿Casual? ¿O hubo intención?
G.G.: La agitación no me parece casual. Pienso que la Fed nos quiere señalar que no está dormida al timón. Nos deja ver que hay un debate interno con respecto a qué hacer con la inflación. Si no es transitoria, si sube en demasía, la Fed acortará las riendas. En el corto plazo, el único tema práctico es el tapering. Cuándo se anuncia (lo más probable es agosto en Jackson Hole), y cómo se realiza. ¿Corta la compra de bonos hipotecarios primero y le quita estímulo a la bonanza de bienes raíces? La ejecución no empezará antes de fin de año. Quizás quede para 2022. Anticipar el tapering puede demorar la suba de tasas. Creo que la Fed quiere que esto se conozca, que se sepa que su juego tiene muchas variantes. Y así espera llegar a septiembre. En lo posible, sin drama. Y si hubiera mal tiempo con las expectativas calmas.
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