Francia, un país serio, pasa de la rigidez a modernización laboral
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El primer ministro, Dominique de Villepin, ha hecho de la lucha contra el desempleo la prioridad absoluta de su gobierno.
La principal medida de este plan es suavizar las condiciones del despido, mediante la introducción de un contrato sin precedentes en Francia destinado a las empresas de menos de 20 empleados (2,5 millones), que permite echar a un trabajador sin justificación durante los dos primeros años de contrato.
El miedo al desempleo fue ampliamente considerado como una de las principales razones de este rechazo francés.
Mientras que las nuevas medidas entrarán en vigencia el 1 de setiembre, la del despido se aplicará a partir de mañana.
• Oposición
Los sindicatos y la oposición de izquierda han puesto el grito en el cielo ya que, según ellos, esta nueva legislación permitirá «desarrollar la precariedad» permitiendo un «despido-minuto a lo anglosajón».
El primer ministro ha refutado las críticas, recordando que en la actualidad, «70% de los contratos creados» es temporal y no «dura más de un mes».
Para el primer ministro, el plazo de dos años no es «un período de prueba en el sentido tradicional», ya que prevé un «preaviso, una indemnización y una reclasificación en caso de dificultad».
Pretende, sobre todo, suprimir las «reticencias» de los jefes de empresas a contratar.
Chirac estimó, por su parte, que con este plan se ofrecen «las herramientas para activar una dinámica nueva en el mercado de trabajo» y reiteró que «la urgencia es el empleo».
El gobierno francés no ha dado cifras sobre sus proyecciones en la reducción del paro, pero el objetivo es caer por debajo de la barra psicológica de 10% para finales de 2005.
El impacto de las nuevas medidas, que tendrán un costo de 4.500 millones de euros en 2006, se desconoce. El ministro del Empleo, Jean-Louis Borloo, espera, no obstante, un impacto «masivo» en los próximos 18 meses.




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