El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El petróleo alcanzó ayer en Nueva York los 68,80 dólares por barril, nivel que no tocaba desde que el huracán "Katrina" azotó las costas estadounidenses el pasado mes de agosto.
También influyeron los resultados decepcionantes que están presentado algunas grandes compañías del mercado, entre ellas Citigroup y el conglomerado industrial General Electric.
El Dow Jones cerró ayer la sesión por debajo de los niveles de principios de año, en los 10.667,39 puntos, tras haberse dejado en la jornada un 1,96 por ciento o 213,32 enteros, lo que no ocurría desde enero del año 2003.
De esta manera, ha perdido toda la subida que acumuló a principios de año, y que llevó al Dow Jones a colocarse por primera vez en cuatro años y medio por encima de los 11.000 puntos.
El mercado tecnológico Nasdaq, por su parte, se desplomó con más intensidad, pues se dejó en la sesión un 2,35 por ciento, o 54,11 puntos, hasta las 2.247,70 unidades, si bien se mantiene levemente por encima de principios de año.
El indicador S&P 500 retrocedió 23,55 puntos, un 1,83 por ciento, hasta los 1.261,49 enteros, en tanto que el New York Stock Exchange perdió 115,95 unidades, un 1,45 por ciento, hasta las 7.902,27.
El "viernes negro" que ayer han vivido los mercados ha estado provocado por dos factores fundamentales: el fortísimo ascenso de los precios del crudo, y los malos resultados que han presentado varias empresas.
Las tensiones internacionales sobre el programa nuclear de Irán, uno de los grandes productores de crudo, junto a los ataques a la industria petrolera de Nigeria influyeron en el encarecimiento del combustible.
A ellos se unió otro factor importante, como son las previsiones de la OPEP y la Agencia Internacional de la Energía de que la demanda de crudo se mantendrá muy elevada en 2006, en torno a un 2 por ciento.
Otro elemento de pesimismo en la sesión fueron los resultados negativos que han presentado varias empresas, entre ellas Citigroup y General Electric, que se colocaron por debajo de lo que calculaba el mercado.
De hecho, al cierre, la entidad financiera sufrió un retroceso de 4,69 por ciento, en tanto que las acciones del conglomerado industrial perdieron un 3,78 por ciento.
Los inversores calculan que la cuarta parte de las empresas que han presentado resultados trimestrales en los últimos días han defraudado las expectativas de los analistas.
No obstante, son conscientes de que sólo el 20 por ciento de las empresas que componen el S&P 500 han presentado por el momento sus cuentas del último trimestre, con lo que la situación podría mejorar en los próximos días.
La escapada de los inversores de las bolsas ha beneficiado a otros mercados considerados refugio, como la deuda, y especialmente el oro, que ayer marcó en los mercados de futuros de Londres nuevos máximos.
En concreto, la onza de oro se cruzó ayer a un precio de 567,60 dólares, nivel desconocido desde hace unos 26 años.
En el mercado secundario de deuda, las obligaciones a diez años registraron un ascenso en los precios, de manera que la rentabilidad, que se mueve de forma inversa, bajó hasta el 4,361 por ciento.