Hace falta un liderazgo fuerte
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Hoy asistimos, como si se tratara de compartimientos estancos, a una discusión y debate nacional sobre instrumentos cuando el país presenta serias erosiones sobre los cimientos de sus instituciones. Si dolarizar, si volver a la convertibilidad, si flotar, si, si y si sobre herramientas de política económica sin definición sobre el marco global en el que sería factible aplicar dichos instrumentos. Quizás si no hubiéramos confundido la herramienta «convertibilidad» como si fuera una política de estado totalizadora y excluyente, nos habría permitido aprovechar sus ventajas y producir a tiempo los cambios que eran necesarios para evitar sus rigideces y gruesos desvíos, eludiendo muchos de los males que estamos padeciendo.
Pero no, seguimos adelante y lo peor salimos a las «patadas» del esquema. Este es el más claro ejemplo de haber cambiado los grados de dependencia entre política y economía.
Si los economistas seguimos pensando que, modelando un país y buscando que la realidad «encaje» en el modelo, alcanzaremos la solución a los problemas y, los políticos por comodidad, incapacidad, o cualquier otro motivo, así lo creen, seguiremos equivocándonos. En definitiva, un plan económico no es el único elemento con el cual debe contar la dirigencia nacional para superar la crisis.
Otra discusión, o eslogan, propagado y sobre el cual se debate en la Argentina de estos días, es el que dice que la solución está en que se vayan todos los políticos. Nos hemos preguntado: ¿cuál es el objetivo? ¿para que vengan quiénes? ¿son todos iguales? ¿quiénes y para qué movilizan esta consigna? ¿qué solución proponen los que abogan por esta alternativa? ¿no es acaso ésta una simplificación de la realidad o una rendija ideológica para acceder a experiencias políticas cuyos fines no pueden confesarse abiertamente? ¿que se vayan todos no es el paso previo que permita la anarquía que dé lugar a esas experiencias?
En este sentido hay que plantear seriamente los mecanismos que permitan una verdadera y profunda reforma política que erradique la corrupción, el clientelismo, el oscurantismo, la perpetuación en cargos, subiendo y bajando de rango, con el objetivo de reciclar siempre a los mismos dirigentes, haciendo de la política una actividad de élite cerrada a los nuevos hombres y a las nuevas ideas y conductas.
(*) Director de Fundación Mediterránea




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