3 de enero 2001 - 00:00

¿Hacia dónde va la Argentina?

El desempeño económico de la Argentina en el año 2000 ha sido malo. Nos pasamos todo el tiempo atrapados entre los problemas de competitividad generados por factores externos adversos y una situación fiscal débil. Si la mayoría de los analistas internacionales coincide en que el superdólar no es sostenible en el mediano plazo, se esperan mejoras en los precios de los commodities y la deuda pública argentina no es mayor que la de otros países de la región y, además, tiene una estructura de vencimientos razonable, ¿por qué hemos llegado al extremo de necesitar la asistencia de la comunidad internacional para asegurar el buen cumplimiento de las obligaciones del Estado nacional? ¿Por qué no pudimos obtener un financiamiento voluntario que sirviera de puente hasta que el contexto mejorara para la Argentina? Sin duda existen varias explicaciones coyunturales posibles (dificultades políticas que han puesto en duda la gobernabilidad; menor disponibilidad de fondos para los países emergentes, lo que afecta en particular a la Argentina por su bajo coeficiente de ahorro interno y consiguiente dependencia de la entrada de capitales externos, etc.), pero el objeto de esta nota es alertar sobre un problema de más largo plazo.

Hoy la discusión en el país se centra en la posibilidad de reactivar la economía. En verdad, el crecimiento es un fenómeno de mediano y largo plazo y creo que las señales tan atractivas que emitía la Argentina en los momentos de las grandes reformas estructurales se han opacado.

Si se revisa la experiencia internacional aparecen cuatro factores esenciales para el crecimiento: la estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal, la apertura de la economía y la seguridad jurídica e institucional. Repasemos rápidamente cómo se posiciona la Argentina en cada área.

Estabilidad macroeconómica:
la Ley de Convertibilidad ha logrado erradicar la inflación pero todavía tenemos una falencia importante en este campo. La Argentina tiene una asociación comercial con los países del Mercosur y una asociación monetaria de hecho con los Estados Unidos. Esto lleva a situaciones inestables cuando nuestros socios comerciales modifican su paridad cambiaria con el dólar, sin que ello afecte la estabilidad de precios pero generando mayor volatilidad en las cantidades producidas. Para resolver esto existen dos caminos posibles: hacer el peso convertible a una canasta de monedas, lo cual choca contra los usos y costumbres de una economía bimonetaria de pesos y dólares o negociar el comercio libre con Estados Unidos. El mundo no sabe cuáles son nuestros deseos respecto del segundo punto y cómo podremos resolverlo si Brasil tiene objetivos diferentes de los nuestros.

Disciplina fiscal

Durante la década del '90, el consolidado de Nación y provincias promedió un superávit fiscal primario del orden de 0,1% del PIB. Con intereses de la deuda de 2% del PIB, la Argentina nunca pudo equilibrar el presupuesto. Pero aun para el futuro se proyecta una carga de intereses que alcanzaría 4% del PIB y el superá-vit fiscal primario de 2000 es de sólo 1% del producto. En el mundo la nueva regla fiscal se ha endurecido con relación a décadas pasadas.

En los años de auge se considera razonable tener superá-vit para poder hacer frente a pequeños déficit en los momentos de receso. Incluso, el presidente Lagos de Chile ha puesto en su gestión de gobierno una meta más ambiciosa: promediar un superávit de 1% del PIB. Para consolidar la situación fiscal de la Argentina hace falta un cumplimiento estricto del acuerdo firmado entre la Nación y los gobernadores, y además nuevas reglas de descentralización fiscal que permitan un control eficaz de los votantes de las decisiones de gasto. Aquí la clave pasa por: trasladar decisiones de gasto y recaudación a los municipios (quedarse a nivel de la provincia no asegura el control que se pretende), poner límites severos al endeudamiento de los tres niveles de gobierno, consolidar todas las decisiones de gasto en los presupuestos respectivos y cerrar las vías para que continúen apareciendo reclamos contra el Estado por leyes que prometían compromisos públicos incumplibles.

Apertura de la economía

La apertura entendida en sentido amplio incluye las decisiones de política comercial externa, la desregulación y la defensa de la competencia. La Argentina hoy tiene una economía relativamente cerrada al comercio internacional. El arancel promedio sobre las importaciones es de 14% y hay gran disparidad. Australia tiene un arancel medio de 3% y Chile convergerá a uno virtualmente uniforme de 6%. El proceso de apertura de la Argentina se ha paralizado en algunas áreas y ha retrocedido en otras. Han aumentado las medidas paraarancelarias, se han generalizado algunas regulaciones anticompetitivas como las que imponen varias provincias sobre los locales de venta minorista y se enfatizan medidas de asistencialismo a empresas y que nuevos actores reemplacen a las gestiones ineficaces. En sentido positivo sólo puede mencionarse una tibia desregulación laboral y la reforma de obras sociales. Para retomar la iniciativa hace falta un claro programa de reducción de aranceles, completar las desregulaciones comprometidas en los pactos fiscales de comienzos de los '90 que ninguna provincia grande ha cumplido, terminar el programa de privatizaciones en los tres niveles de gobierno, reemplazar la política anti-dumping por las mismas reglas que se aplican para la defensa de la competencia doméstica, facilitar la ejecución de pasivos y prohibir cualquier refinanciación de pasivos por parte de entes públicos.

Seguridad jurídica:
la Argentina aparece mal posicionada con relación a otros países. Un trabajo reciente del Banco Mundial nos califica con una nota de 5, cuando el promedio de países tiene 7 y los mejores se ubican cerca de 10. Ello ocurre porque es frecuente que se alteren reglas de juego impositivas o regulatorias en las provincias y municipios, a las cuales se ha sumado recientemente la Nación con la revisión de algunos contratos de empresas privatizadas. Asimismo, muchas veces los jueces actúan impulsados por motivos distributivos cuando su tarea debería ser interpretar contratos y las reglas de acceso a la política y a la Justicia no han cambiado mucho. Es vital modificar este cuadro de situación. En un trabajo de FIEL presentado en el último Coloquio de IDEA estimamos que si mejoramos nuestra calificación en la materia acercándonos al promedio ello puede proporcionarnos un crecimiento adicional de 1,6% por año.

Estrategia

En resumen, no es claro cuáles son los objetivos de la Argentina de mediano plazo. Nuestra dirigencia política parece enfrascada en discusiones de corte electoral de corto plazo, y consideran un gran sacrificio el acuerdo para estabilizar el gasto público pri-mario hasta el año 2005 luego de una década en la cual se observó una explosión de gasto. Debemos tener una estrategia como nación que nos asegure un lugar entre los países de alto crecimiento. Para ello debemos definir claramente: si queremos ir o no al NAFTA, si estamos dispuestos a entender las reglas de juego de una sociedad capitalista (en la cual los ineficientes quiebran), si estamos dispuestos a reducir el gasto público ya, para que sea creíble nuestra intención de equilibrar el presupuesto, si acentuamos la apertura y la desregulación, si creemos en la descentralización en serio o sólo nos quedamos a nivel provincial donde se mantienen los vicios de estructuras centralistas, si somos capaces de reformar las reglas de juego de acceso a la política y al Poder Judicial. En definitiva, si somos capaces de responder la pregunta de ¿hacia dónde va la Argentina?

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