¿Hacia dónde va la Argentina?
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Estabilidad macroeconómica: la Ley de Convertibilidad ha logrado erradicar la inflación pero todavía tenemos una falencia importante en este campo. La Argentina tiene una asociación comercial con los países del Mercosur y una asociación monetaria de hecho con los Estados Unidos. Esto lleva a situaciones inestables cuando nuestros socios comerciales modifican su paridad cambiaria con el dólar, sin que ello afecte la estabilidad de precios pero generando mayor volatilidad en las cantidades producidas. Para resolver esto existen dos caminos posibles: hacer el peso convertible a una canasta de monedas, lo cual choca contra los usos y costumbres de una economía bimonetaria de pesos y dólares o negociar el comercio libre con Estados Unidos. El mundo no sabe cuáles son nuestros deseos respecto del segundo punto y cómo podremos resolverlo si Brasil tiene objetivos diferentes de los nuestros.
Apertura de la economía
La apertura entendida en sentido amplio incluye las decisiones de política comercial externa, la desregulación y la defensa de la competencia. La Argentina hoy tiene una economía relativamente cerrada al comercio internacional. El arancel promedio sobre las importaciones es de 14% y hay gran disparidad. Australia tiene un arancel medio de 3% y Chile convergerá a uno virtualmente uniforme de 6%. El proceso de apertura de la Argentina se ha paralizado en algunas áreas y ha retrocedido en otras. Han aumentado las medidas paraarancelarias, se han generalizado algunas regulaciones anticompetitivas como las que imponen varias provincias sobre los locales de venta minorista y se enfatizan medidas de asistencialismo a empresas y que nuevos actores reemplacen a las gestiones ineficaces. En sentido positivo sólo puede mencionarse una tibia desregulación laboral y la reforma de obras sociales. Para retomar la iniciativa hace falta un claro programa de reducción de aranceles, completar las desregulaciones comprometidas en los pactos fiscales de comienzos de los '90 que ninguna provincia grande ha cumplido, terminar el programa de privatizaciones en los tres niveles de gobierno, reemplazar la política anti-dumping por las mismas reglas que se aplican para la defensa de la competencia doméstica, facilitar la ejecución de pasivos y prohibir cualquier refinanciación de pasivos por parte de entes públicos.
Seguridad jurídica: la Argentina aparece mal posicionada con relación a otros países. Un trabajo reciente del Banco Mundial nos califica con una nota de 5, cuando el promedio de países tiene 7 y los mejores se ubican cerca de 10. Ello ocurre porque es frecuente que se alteren reglas de juego impositivas o regulatorias en las provincias y municipios, a las cuales se ha sumado recientemente la Nación con la revisión de algunos contratos de empresas privatizadas. Asimismo, muchas veces los jueces actúan impulsados por motivos distributivos cuando su tarea debería ser interpretar contratos y las reglas de acceso a la política y a la Justicia no han cambiado mucho. Es vital modificar este cuadro de situación. En un trabajo de FIEL presentado en el último Coloquio de IDEA estimamos que si mejoramos nuestra calificación en la materia acercándonos al promedio ello puede proporcionarnos un crecimiento adicional de 1,6% por año.
Estrategia
En resumen, no es claro cuáles son los objetivos de la Argentina de mediano plazo. Nuestra dirigencia política parece enfrascada en discusiones de corte electoral de corto plazo, y consideran un gran sacrificio el acuerdo para estabilizar el gasto público pri-mario hasta el año 2005 luego de una década en la cual se observó una explosión de gasto. Debemos tener una estrategia como nación que nos asegure un lugar entre los países de alto crecimiento. Para ello debemos definir claramente: si queremos ir o no al NAFTA, si estamos dispuestos a entender las reglas de juego de una sociedad capitalista (en la cual los ineficientes quiebran), si estamos dispuestos a reducir el gasto público ya, para que sea creíble nuestra intención de equilibrar el presupuesto, si acentuamos la apertura y la desregulación, si creemos en la descentralización en serio o sólo nos quedamos a nivel provincial donde se mantienen los vicios de estructuras centralistas, si somos capaces de reformar las reglas de juego de acceso a la política y al Poder Judicial. En definitiva, si somos capaces de responder la pregunta de ¿hacia dónde va la Argentina?




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