Hay fuerte presión de las privatizadas
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Jorge Remes Lenicov había formado una comisión que presidía el ex secretario legal y técnico del Palacio de Hacienda, Eduardo Ratti, que se fue con el ministro. La comisión renegociadora tiene además otros integrantes y un secretario, José Barbero, que fueron nombrados por un decreto presidencial.
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Las empresas consultadas insistieron en que saben que no pueden pretender hoy reconstituir las tarifas a los valores anteriores a la devaluación, pero reclamaron «un sendero» que paute hacia el futuro un escalonamiento de ajustes, y también insistieron en la necesidad de que «el Estado sacrifique impuestos, que los consumidores ni siquiera saben que están pagando».
Según dijeron, los integrantes de la anterior comisión les habían anticipado a las empresas que el criterio no era modificar la carga impositiva, de modo que, si esto no cambia, no habrá atenuantes en los ajustes de tarifas.
•Impuestos
La carga impositiva en la tarifa eléctrica es de 31% para un usuario residencial medio que consume 400 kilovatios por bimestre en la provincia de Buenos Aires y de 22% para el mismo consumidor en la Capital Federal. En el caso del gas, la incidencia de los impuestos en la tarifa de un usuario de Capital Federal es de 23,7%.
En el sector empresario se afirma que si los accionistas ya demostraron que no están dispuestos a poner dinero para salvar el default financiero, tampoco lo harían en caso de una crisis que afecte el servicio. El caso más típico en este sentido sería el de Transener, la empresa de transporte eléctrico en alta tensión, que en los años anteriores sufrió la caída de varias torres de trasmisión por fenómenos climáticos, y que, según se afirma, hoy no estaría en condiciones de reponer las instalaciones, si volviera a repetirse la situación.
Dentro del gobierno, hay quienes creen que las manifestaciones sobre la calidad del servicio y la posibilidad de que haya cortes de luz, gas o agua, son una forma de presionar para obtener aumentos de tarifas. A esto las empresas contestan que «no se puede poner dinero cuando hubo ruptura de los contratos y no hay nada que asegure que la situación se va a recomponer». Por eso, podría pensarse que si efectivamente se trata de una presión, casi no caben dudas de que las compañías más afectadas la llevarán hasta su última instancia.




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