Aunque estaba descontado que ocurriría, Italia fue demasiado agresiva en declaraciones -aunque casi nada en manifestaciones-contra el secretario de Finanzas argentino, Guillermo Nielsen, en sus dos días en ese país, sobre tres de oferta de canje de deuda pública. El método de Nielsen en el road show, aunque haya sido acordado con Roberto Lavagna, no difiere de sus muchos viajes previos, pero seguir basándolo en la agresividad no convence que sea lo mejor para los intereses finales de todos los argentinos. Decirles a los 400.000 bonistas italianos -y por diáspora de palabras al resto-que quienes no ingresen en este canje se quedarán con papeles «sin cotización y sin mercado», o sea que tendrán basura sin valor o «papel mojado», como dicen los itálicos, es parte de esa sistemática dureza. Es obvio que en esta etapa del lanzamiento de la oferta no puede decirlo el funcionario, pero nadie cree que el que no acepte ahora perderá todo. No podría subsistir y se caería del planeta la Argentina si estafara sólo en Italia 14.000 millones de dólares, una cifra enorme equivalente a la deuda hoy de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional para tener idea.
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Si no puede Nielsen decir determinadas cosas hasta después del vencimiento de la oferta el 25 de febrero -y es correcto que no lo haga porque está en juego el largo endeudamiento futuro del país-es de moderados pensar que si fue siempre agresivo -quizá satisfaciendo esta tendencia que caracteriza a Néstor Kirchner-podría haber variado la defensa de la oferta en estas presentaciones internacionales de forma (road show).
Por caso, pudo hablar de que «en mi país, en 1827, contraímos una deuda internacional (el empréstito Baring Brothers) que tenía cargas impagables y tras sucesivos default inevitables terminamos cancelándola recién en 1904 después de 77 años, que es mucho más que los 35 años que ofrece en un título este gobierno argentino». O decir «crecimos en producto 8% el año pasado y con altos precios internacionales de commodities pero hoy esos mismos precios tienen caída de hasta 40% y no sabemos si este año creceremos 5% como para poder pagarles más. Por eso ofertamos lo que ofertamos». O caería bien y sería poco refutado si expresara «Estados Unidos, Japón y Europa gastan en conjunto mil trescientos millones de dólares por día en subsidios a sus agricultores con mayores costos internos y con ello traban las ventas externas de países en desarrollo como la Argentina. Levanten todos los subsidios, pídanlo a sus parlamentarios en lugar de solicitarles sanciones contra la Argentina.-Permítannos ganar dinero para pagarles más pero con este proteccionismo de ustedes y del resto de los países desarrollados los restantes, los emergentes, como la mayoría de los latinoamericanos, debimos endeudarnos para poder subsistir con mediana dignidad y realmente no podemos pagarles más».
Si palabras similares a esas fueran reproducidas por la prensa del mundo, en lugar de las bravatas diarias que lanza Nielsen, nadie puede asegurarlo pero quizás ayudaría a la aceptación de la oferta. En definitiva, las amenazas y los insultos ya hace 3 años que los vienen pronunciando Lavagna y Nielsen, respaldados por el Presidente, y las reacciones son cada día peor. Como variante sólo un discurso al menos con humildad no tiene ninguna alternativa de empeorar las aceptaciones que puedan recibirse.
Vivimos la época de un gobierno que encumbra la agresividad, sobre todo cuando siente sus uñas más fuertes que la contraparte, sean políticos, uniformados, actual gobierno uruguayo o prensa nacional, para citar partes de un amplio espectro. A su vez baja las orejas ante Fidel Castro cuando nos humilla, como en el caso de la Dra. Molina, o nos desprecian como hacen funcionarios de Lula da Silva, en Brasil.
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