24 de julio 2002 - 00:00

"Hay que atarle las manos al gobierno"

"L a Argentina ya vivió varias crisis de este tipo, y algunas muy serias. Pero nunca como en ésta se había junta-do todo lo más malo: default, confiscación y una larga y profunda recesión." La frase pertenece al prestigioso historiador económico argentino Roberto Cortés Conde, quien se encuentra actualmente analizando una nueva alternativa que permita recomponer la confianza de los argentinos: crear una ingeniería institucional para ponerle más límites al gobierno « y si es necesario, hasta renunciar a la soberanía» de manera tal que algunas leyes operen en jurisdicción extranjera y el gobierno no las pueda cambiar.

Autor de varios libros, y profesor de la Universidad de San Andrés, Cortés Conde dialogó con este diario durante el Congreso Internacional de Historia Económica que comenzó el lunes. Allí advirtió que la gente ya no va a creer en una nueva convertibilidad, que la dolarización tampoco arregla el sistema financiero y que el comité de notables sólo podrá arreglar algunas pequeñas cosas. En cambio, llama a instaurar legalmente una responsabilidad similar a la que el gobierno tiene con los organismos internacionales de crédito a quienes sí o sí les debe pagar. Este es el diálogo con Ambito Financiero.

• La peor crisis

Periodista: ¿Es realmente ésta la peor crisis de la historia argentina?

Roberto Cortés Conde:
Sí. Porque si bien se vivieron ya varias crisis de este tipo, y algunas muy serias, en ésta se juntó todo lo peor que nos podía pasar: default, confiscación y una larga y profunda recesión. El comportamiento del gobierno ha sido pésimo. Salió de una trampa fiscal y se metió en otra peor, que es esta devaluación asimétrica, donde se violaron los derechos de propiedad, se violaron las reglas, se engañó al público y se creó tanta desconfianza que ahora no se sabe cómo recomponerla.

P.: ¿Cuál es la salida? Algunos especialistas proponen una nueva convertibilidad, otros piden dolarizar... ¿es ése el camino?

R.C.C.:
No, no. El país lo que necesita es que la gente trabaje e invierta y para eso se precisa confianza. Los argentinos tienen un montón de fondos en el exterior pero nadie quiere poner un peso acá, en un gobierno que cambia las leyes. El Estado soberano ha violado los derechos. Y la gente siente que el soberano lo ha violado, y varias veces, y que le ha mostrado en una forma muy brutal que el poder puede decidir cambiar las leyes cuando se le da la gana. Entonces hay que crear una especie de ingeniería institucional para atarle las manos al gobierno, para ponerle más límites. Algo que lo limite más, como la obligación que tiene el gobierno con el FMI o el BID, donde sí o sí les tiene que pagar. Si la convertibilidad era una especie de chaleco de fuerza, ahora se necesita un chaleco mucho mayor para que la gente vuelva a confiar.

P.: ¿Una nueva convertibilidad no alcanza?


R.C.C.:
No, no, porque nadie le va a creer. Se necesita una renuncia a la jurisdicción. Hay que crear una ingeniería institucional para eso. No es fácil. Pero si se logra, se podría dar un shock de confianza como en el año '91, donde la gente empezó a traer el dinero y cambió el ánimo. La gente no es idiota y ahora hay que darle algo mucho más fuerte para que vuelva a poner el di-nero en un banco.

P.: ¿Cómo sería entonces ese chaleco de fuerza?


R.C.C.:
Tiene que haber una decisión institucional durí-sima donde se renuncie a la soberanía y nos sometamos a la jurisdicción de otro país. En el sentido de que el gobierno no pueda cambiar las reglas. Es decir, que las reglas que operen en el país estén bajo jurisdicción extranjera.

P.: ¿Una banca offshore?
R.C.C.:
Puede ser. O un fondo de amortización que esté administrado por argentinos y por representantes de otros países que sean elegidos. Y que ese fondo no pueda ser tocado, ni modificado por el gobierno argentino.

P.: ¿Puede ser que el comité de notables proponga algo de este tipo?


R.C.C.:
Puede ser que acerque algo. Pero me parece que en el poco tiempo que tienen no pueden resolver este tema. Sólo pueden resolver algunas pequeñas cosas.

Entrevista de Victoria Giarrizzo

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